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Terra
La Coctelera

Literatura y Poesía

Quién no espera vencer, ya está vencido.

Categoría: personales

23 Diciembre 2010

UNA FELIZ NAVIDAD A MIS INOLVIDABLES AMISTADES!!!

A mis queridísimos amigos (as) cocteleros:

Aun cuando últimamente mis ánimos andan tan "ciclotímicos" como el mundo (risas), lo que me ha mantenido alejada de las bitácoras, entreabro la ventana para dar paso a un poco de luz , para dejarles saber que a todos y a cada uno los llevo en mis pensamientos y en mi corazón.  Brindo para que pasen unas felices Navidades, en las que por supuesto, no falte lo más importante:  Salud, amor o al menos una buena compañía, risas, música, unas cuantas copas y una magnífica cena. 

Ha sido un año difícil y colmado de retos.  Como si no tuviéramos suficiente con nuestras batallitas personales, a los descalabros financieros, la corrupción y el crimen organizado, se ha sumado el azote implacable de la Naturaleza en muchas partes del planeta.  Sin embargo, como una paradoja, son precisamente esos desafíos los que hacen la vida mucho más interesante.  No es sólo la maldad la que queda al descubierto en estas circunstancias, también la bondad resalta con un brillo cegador.  Es innegable, que el inesperado roce con la miseria humana hiere y hace sufrir, pero también es cierto, que la fuerza insuperable de la solidaridad, del cariño y la amistad neutralizan la desgracia.

Hago pues, votos para que el panorama mejore no solamente en Colombia, España, Estados Unidos sino en el resto del mundo.  Para que los secuestrados no famosos y por lo tanto olvidados, puedan volver a sus casas.

Brindo finalmente para que no perdamos el paso ni la música en el alma, y si hemos perdido el ritmo, alzo mi copa para que lo recuperemos. Pero mi voto más ferviente va para que la gente se ame, porque cuando la gente se ocupa en quererse, es obvio que dispone de menos tiempo para hacer maldades.

FELIZ NAVIDAD!!!

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24 Agosto 2010

PENSAMIENTOS DESDE EL MÁS ALLÁ

 Queridos amigos (as): Por diversas circunstancias, que nada tienen que ver con el aprecio que les profeso, he estado alejada de esta bitácora. Hoy, 23 de Agosto, en el noveno aniversario del fallecimiento de mi padre, he decidido romper mi silencio para compartir con ustedes algunas cosas del alma. 

"Los muertos no vuelven, mijita..." solía decirme mi papá para calmar mis inseguridades de niña, cuando a pesar de haber prohibido que me contaran cuentos de aparecidos y espantos, las empleadas domésticas y otras personas mayores me llenaban la imaginación de cucarachas.  "Téngale miedo a los vivos, no a los muertos...", me prevenía entonces, sonriendo.  

Sin embargo, él, como yo, creía en la inmortalidad del alma.  Muchas veces cuando presintió que su paso terrenal se agotaba, también apaciguó mi dolor y mis inseguridades de adulta diciéndome que jamás nos abandonaría.  Hasta el momento no ha incumplido su promesa.  No ha habido una sola ocasión en que una plegaria mía se haya quedado sin respuesta.  De alguna manera, él se las ingenia para que me llegue el mensaje, ya sea en sueños, con un poema, con las palabras de un amigo, en una puesta de sol, un libro, etc.

Esta vez, primero fue con un poema, y luego con un artículo del periódico.  El pasado viernes cuando abrí la página favorita del Miami Herald me encontré con una columna que se titulaba:  "La muerte es una ilusión".  El autor, Ariel Hidalgo, decía que "toda despedida entre seres queridos es triste, pero ninguna es definitiva..., y lo que llamamos muerte no es más que el tránsito a otra etapa de la vida".  Quiero creer que es así?  No, simplemente sé que es así, aunque algunos de ustedes piensen que soy tonta o muy ilusa.

Agregaba el articulista que alguien le había preguntado por qué si la muerte no existe, los finados no se comunican con nosotros para decírnoslo.  Y él contestaba que en realidad sí lo hacen, pero nosotros no escuchamos, sumergidos como estamos en los problemas terrenales, en el pago de la renta o de la hipoteca, en la reducción de nuestros ingresos, en que si nos asaltan o nos estafan o nos demandan, que si fulanita o menganito quieren hacernos un mal, etc. etc, o simplemente cerramos los canales al negar rotundamente que alguien que se fue pueda enviarnos algún mensaje.

Tenía razón mi padre:  Los muertos no vuelven, pero el alma de los seres que amamos y que nos aman es por siempre una presencia permanente en nuestras vidas.  Tampoco nosotros te olvidaremos, querido padre.

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27 Mayo 2010

"Colombia, el riesgo es que te quieres quedar..."

Hola queridos amigos:

Hoy 27 de Mayo celebro mi cumpleaños y aprovecho la ocasión para rendirle un sencillo homenaje a mi patria de origen.

Acabo de regresar de Colombia.  Por cierto, este fue un viaje inesperado provocado por un trabajo dental, pero no por eso menos feliz.  Una semana después, reconozco que todavía pesa en el ánimo ese torbellino de sentimientos conflictivos que me dividen el corazón entre mi patria de origen y la de adopción.  Contenta, por una parte, de estar nuevamente en casa y de reunirme con el grupo de Miami y de La Coctelera, y por otra, con la terrible nostalgia de esa tierra que no olvido, con el sabor imborrable de los momentos vividos, que compartí con mi madre, con la familia y con mis amistades. 

De mi Colombia bonita planeaba hablarles, a riesgo de que me catalogaran como "chauvinista", cuando resulta que me topé con un dominical de la sección "Pasaporte" del Miami Herald en la que precisamente un columnista le mostraba al mundo la cara linda y desconocida de nuestra patria.  Ponderaba el articulista la calidez de su gente, la belleza de la capital, Bogotá, llamada la "Atenas Suramericana" por su rica actividad cultural, y el encanto indiscutible de Cartagena de Indias, una de nuestras ciudades históricas y emblemáticas desde la época de la Colonia.  La Heróica como también se la conoce, idílica por sus paisajes de ensueño,  sus callejuelas empedradas y sus carruajes tirados por caballos, se ha convertido en el escenario ideal de las más románticas bodas. 

 "Colombia, el riesgo es que te quieras quedar" fue el lema con el que hace ya varios años se inició una campaña que intentó distanciar al país y a los colombianos de esa imagen vergonzosa y deplorable con la que lamentablemente, y hasta con justa razón se nos ha etiquetado en el exterior.   Y la frase acertada y pegajosa rindió sus frutos, porque la realidad, queridos míos,  es que Colombia es un país hechizante, adonde miles de turistas llegan atraídos por su magnífica y exótica geografía, su hidrografía, su fauna y su flora, su música, su folclor, su gente amable, su café suave, sus esmeraldas y sus mujeres bonitas.   

Lo anterior no es jactancia de colombiana.  El artículo que menciono, uno de los muchos que en los últimos años por fin promocionan distintas áreas de mi país dignas de verse, como Santander del sur, Boyacá, el Eje Cafetero, Medellín, Cali, Santa Marta, la Goajira, etc., decía que un artista de cine italiano, Salvo Basile, seducido por los encantos de Cartagena y de una colombiana, afirmaba que "básicamente es una tierra que lo tiene todo".  De más está decir, que este admirador de Colombia se casó allí y ahora vive en el Litoral del Caribe.

Las fotografías que publico aquí, a mano izquierda, son de distintas partes de Bogotá, una ciudad pujante, en proceso de transformación urbanístico, de vibrante vida nocturna.  A la derecha una toma de Cartagena, no la mejor, pero la única que tenía a mano. 

El próximo domingo eligiremos un nuevo Presidente.  Confiemos en que todos y cada uno de los colombianos votemos con sabiduría, sin odios y sin rencores y por el mejor candidato; que elijamos al que tenga la voluntad de continuar la reconstrucción del país, para que Colombia siga siendo ese paraíso que muchos años atrás la infamia nos había arrebatado y lentamente pero seguro hemos ido recuperando.

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12 Marzo 2010

VIDA PLENA? SÍ. LA CIENCIA DICE QUE DEBEMOS ESTIMULAR EL CEREBRO PARA LOGRARLA.

Hoy voy a arrinconar los temas literarios, para compartir con ustedes un artículo que leí sobre estimulación del cerebro, que me pareció interesantísimo. Escrito por una autoridad en la materia, el jefe del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Duke, coautor de un libro para combatir el Alzheimer, el médico suministra técnicas sencillas y da ideas para mantenerse alerta, útiles para todos, sin discriminación de edad.

Es posible que aquellos lectores que sean menores de 30, piensen que el tema todavía no es para ellos. Sin embargo, créanme que no hay nada tan inexorable como el paso de los años. Tarde o temprano atrapan. Y por mucho que nos esforcemos en conservar la apariencia e ignorar a esa burlona señora llamada edad, ella se encarga a menudo de que veamos la realidad, y nos da señales y nos hace muecas para obligarnos a poner las cosas en perspectiva.

El extraño caso de un brillante matemático, aquejado de un severo Alzheimer a los 70 años, y que sin embargo, obtuvo niveles altísimos en todas las pruebas de habilidad a que su médico lo sometió, llevó a los investigadores a concluir que aunque se trataba de un caso extremo, no era por eso el único. De hecho, 20% de las autopsias practicadas en personas que no tenían ningún problema con la memoria al morir, revelaron que padecían de Alzheimer. Lo que llevó al equipo investigador a concluir que lo que permite que el cerebro continúe su función, a veces con eficiencia a pesar de los cambios que deberían causar profunda incapacidad en el comportamiento de la persona, es una especie de "reserva de conocimiento" o sea, la combinación de las habilidades innatas del individuo y ese poder adicional del cerebro que la persona obtiene cuando estimula la mente.

La buena noticia, (ojo, cincuentones, cercanos o avanzados en esa edad), es que no obstante la idea general que la mayoría tiene de que la mente declina al llegar a los 50, el concepto es erróneo. De hecho, un cerebro sano y ejercitado, con una acumulación de conocimiento y con la sabiduría que da la experiencia es mucho más fuerte con la edad. Adicionalmente, la madurez emocional, que permite superar los reveses y no regodearse en el sufrimiento y en los pensamientos negativos también parece aumentar con la edad.

Naturalmente que hay funciones del cerebro que declinan con el paso del tiempo, tales como la memoria y la rapidez para pensar. Entonces para mantener nuestra capacidad en un grado óptimo debemos nutrir nuestras neuronas, y aquí está la clave de la cosa: Los científicos sospechan que hay ciertos hábitos en nuestro estilo de vida que estimulan su crecimiento:

1. El ejercicio físico y mental es uno de ellos. Una caminata fuerte 40 minutos cuatro veces a la semana, ojalá en compañía de alguien, aumenta el flujo de sangre en el cerebro y ayuda al buen estado físico y mental.

2. Variar la rutina: Pruebe un supermercado distinto. Haga nuevas amistades. La novedad estimula las conexiones neurocerebrales.

3. Cultivar intereses: Aprenda un idioma. Escuche música.

4. Lea. Haga crucigramas o juegos de estimulación cerebral.

5. Practique meditación o yoga o caminatas que ayuden a concentrar la mente y a relajarse.

6. Duerma. Descanse.

7. Sea creativo. Pinte, escriba una novela, cuentos, poesía, lo que más disfrute. Visite websites interesantes, o construya el suyo.

8. Baile, si puede. Socialice y haga nuevas amistades y cultive las antiguas. No se aisle.

9. Coma correctamente. Frutas, vegetales, granos completos, pescado, etc.

10. Mantenga su presión controlada, su peso, su azúcar en la sangre y su colesterol y no fume.

11. Trabaje o haga trabajo voluntario si está retirado.

Bueno, queridos amigos (as) como pueden ver, no son fórmulas mágicas ni nada que no sepamos. Son ideas sencillas, que pueden obrar maravillas en nuestra vida y en realidad no cuesta nada probarlas.

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2 Marzo 2010

LA DESPEDIDA

Hola mis queridos amigos (as) Cocteleros:

Como les comenté anteriormente las reuniones de mi grupo literario son mensuales ahora, y el viernes pasado tuvimos la del mes de Febrero.  La tarea consistía en escribir un cuento sobre las últimas horas en la tierra de una persona o de un personaje y su encuentro con quien vendría a recibirlo del Más Allá.  Mi contertulia y querida amiga mexicana Mariluz Durazo nos trajo el siguiente cuento, que me pareció tan ingenioso que quiero compartirlo con ustedes, y espero les guste y lo disfruten tanto como nosotros lo hicimos. 

 EL VIEJO

por Mariluz Durazo

Recuerdo el día en que cumplí noventa años, ese día me morí.

Estaba visitando a mis hijos y nietos en Cuernavaca. Me hospedaba en casa de mi hija Magdalena, ella me organizó la fiesta. Vinieron más de cuarenta familiares y amigos a festejarme.  Mi hija, como siempre, se lució con la cena y además me hizo la torta de chocolate que tanto me gusta.

Los invitados me cantaron Las Mañanitas, bastante desentonados pero con muchas ganas. Cuando terminaron, soplé las velas con todas mis fuerzas, y dando gracias que sólo fueran dos: una era un nueve y la otra un cero. ¡No podía creer que nueve décadas se hubieran pasado volando! Cuando vine a ver, ya tenía una copa de tequila frente a mí, y mi hijo Francisco llamaba la atención pegando en su vaso con una cuchara, al mismo tiempo que decía:

-Quiero hacer un brindis por el Viejo, no sólo porque siempre ha sido un padre amoroso, sino también porque con su ejemplo me enseñó que "la verdadera grandeza del hombre se mide por sus principios, sus actos, sus frutos y la coherencia entre todos ellos". ¡Salud por el Viejo!

-¡Salud!-  Dijeron a coro los invitados, mientras yo me inflaba de orgullo y satisfacción por mi hijo.

Mi hija Magdalena no se quiso quedar atrás, y levantando su copa exclamó:

-Yo también quiero brindar, por el mejor padre que me pudo haber tocado. Gracias por todo Viejo, y ¡que nos cumpla muchos años más! ¡Salud!

-¡Salud!-Brindamos todos con la emoción en la garganta.  Acto seguido, alguien le subió el volumen  a la música y se armó la fiesta en grande.  Yo comí, bebí, e hice todo lo prohibido por el doctor. ¡Hasta bailé reggaetón con mis nietas!

Pasada la media noche, mi festejado cuerpo decidió que no podía más, y me despedí de todos muy cariñosamente. Los viejos nos despedimos con el corazón en la mano, porque sabemos que puede ser la última vez.

Mi hija me acompañó al estudio que me adaptaban como habitación, cuando venía a visitarlos a Cuernavaca. Me quité la ropa, con la lentitud propia de mi edad,  la deposité sobre la silla, me puse la pijama y me lavé los dientes.  Me metí entre las cobijas de la cama "Murphy" que habían tendido para mí. Para los que no sepan, las camas "Murphy" son las que están empotradas en la pared. Son como un armario, y cuando se abren, un resorte hace que baje la cama. Magdalena pasó a despedirse, y como todas las noches, me trajo mi vaso de agua.

-¿Todo bien Viejo?-  Me preguntó en su tono tierno,  mientras me ayudaba a taparme con las cobijas.

-Si, gracias-respondí-estoy rendido.

-Te voy a cerrar la puerta-advirtió-, si no, no te vamos a dejar dormir, porque esto va para largo.

-Buenas noches-balbuceé, mientras ella salía.

Transcurrieron aproximadamente dos minutos antes de que estuviera profundamente sumergido en el caldo del sueño. Mientras tanto, la fiesta seguía a todo vapor. Grandes y chicos bailaban y disfrutaban en mi honor.

De repente, entre sueños, me quise cambiar de postura, y parece que acerqué demasiado la cabeza al extremo de la cama donde está el resorte, el caso es que la cama reaccionó y se cerró automáticamente en el closet. Conmigo adentro, obviamente.

Semejante golpazo me sacudió bruscamente de los brazos de Morfeo.  Sentí como si me hubieran lanzado con una honda. El pánico se apoderó de mí, e instintivamente comencé a gritar con todas mis fuerzas:

-¡Auxilio! ¡Ayúdenme! ¡Francisco! ¡Magdalena!

Pero mis gritos estaban muy lejos de llegar a oídos de nadie. En cambio, yo podía escuchar como ellos cantaban a todo pulmón:

"Borreguito como tú, como tú, que no sabe ni la U, ni la U..."

Lentamente, el dolor fue sustituyendo al susto. Mi cuerpo estaba prensado con los fierros de la cama. Sabía que mis heridas eran profundas, porque el dolor venía desde muy adentro. También sabía que mi cabeza sangraba, pues tenía una sensación húmeda y caliente en la parte superior del cráneo.

Me puse a rezar un rato, y cuando acumulé nuevas fuerzas, volví a gritar con toda mi alma:

-¡Ayúdenme!  ¡Por favor! ¡Socorro!

Cerré mi puño derecho y, con un gran esfuerzo, comencé a dar golpes en la madera del mueble de la cama, pero lo único que logré fue que se fundieran con el ritmo de la música y los taconazos:

"Dale a tu cuerpo alegría Macarena, que tu cuerpo es pa' darle alegría y cosa buena..."

El pánico comenzó a apoderarse poco a poco de mí.  Volvía a gritar, volvía a pegar, pero todo era en vano. Cada vez estaba más débil y más desesperado. Hasta que exploté y comencé a desvariar:

-¡Carajo, me lleva la chingada! ¡Como es posible que me vaya a morir así! ¡Esto no es justo! ¡Dios mío, no seas jodido y ayúdame!

Para mi sorpresa, escuché una voz que me contestaba, pero lo raro es que no la escuchaba por los oídos, el sonido entraba directamente a mi cabeza.

-A ver, a ver, a ver, yo generalmente me quedo callado, y dejo que las cosas caigan por su propio peso, pero esto si que es el colmo.

Me cayó como baldazo de agua fría y comencé a temblar, ahora si que la cosa estaba grave.

-¿Diosito?-dije tímidamente -yo sabía que oirías mis plegarias. ¡Ayúdame por favor!

-No, no, no...yo nada más vine a aclarar una cosa, eso de "no seas jodido" no se vale.

-Ay Diosito pero...

-Déjame terminar. Yo sé que a tu edad la memoria es escasa, pero haz un esfuerzo y recuerda: ¿Qué es lo que me has pedido todas las noches por los últimos diez años?

-No sé, muchas cosas -. Estaba tan nervioso que no me podía acordar de nada.

-Yo te voy a decir qué, porque me lo has repetido hasta el cansancio:

Número uno: Bienestar para tu familia, te lo concedí.

Número dos: Salud, te la concedí.

Número tres, y estas son tus palabras textuales: Quiero que la muerte me sorprenda de noche, en la cama, mientras duermo, sin molestar a nadie. ¿O no?

-Bueno si, pero...

-Yo solo quiero aclarar para que no haya malos entendidos, luego por eso mi credibilidad anda por los suelos, y por eso estamos, como estamos...

-Está bien, está bien-dije resignado, para después preguntar - ¿Me voy a ir al infierno?

-No hombre, el infierno no existe, es una de las estrategias de mercadotecnia del Vaticano. No te preocupes. Nos vamos a ver más tarde.

Ahora ya sabía lo que estaba pasando, ¡me iba a morir!

Me fui conformando poco a poco, al fin y al cabo ya había escuchado a Dios. Entonces le di gracias por haberme concedido una vida plena, larga y llena de bendiciones.

Fui perdiendo el conocimiento lentamente, ya no sentía dolor. Mi mente se sumergió en un sueño profundo. Era como si se proyectaran en una película los momentos que más me habían  marcado en la vida: Cuando estuve en el ejército en España; cuando tuve que matar a un hombre por la espalda para poder huir del campo de concentración; cuando mi hermana Lourdes se fue de monja para dar gracias de que no me mataron en la guerra; cuando conocí a Pilar y me enamoré de sus ojos en la primera mirada; cuando derramé lágrimas de alegría en el nacimiento de mis dos hijos; cuando Dios se llevó a la Pilarica y yo me perdí en el alcohol tratando de exorcizar la pena.  Mientras más escenas pasaban por mi mente, más ligero me sentía.  Hasta que comencé a flotar, estaba suspendido en el espacio, avanzaba por un túnel muy largo con una luz que crecía hacia el final, y que me atraía deliciosamente.  A lo lejos se escuchaban las voces de mis hijos llamándome, las de los paramédicos desesperados tratando de resucitarme, pero yo sólo quería iluminarme con esa luz. Cuando estuve lo suficientemente cerca, pude ver a mi querida Pilarica del otro lado, esperándome como quien va a recibir un pan después de no comer en días. A partir de aquí todo es amor, felicidad y eternidad.

Reciban el consejo de un viejo que vivió mucho: disfruten la vida y no le teman a la muerte, porque es muy placentero para el que se va; y no te vas a ir si no te toca.

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18 Febrero 2010

Remolona sí..., pero no os olvido!!!

 A todos mis queridos amigos y amigas de LC: 

Pido disculpas por mi abandono involuntario, pero aparte de la tragedia de Haití, que le ha movido el corazón hasta a los más indiferentes, a mi regreso de vacaciones me topé con una pila de trabajo (no de dinero, ojo!), con un amago de desbandada en nuestro taller literario y con un frío en Miami como de invierno europeo (exagero un poco, je),  factores todos que me vapulearon el ánimo por varios días, y me obligaron a que  tomara más tiempo del que pensé para recobrar la compostura y agarrarle de nuevo el ritmo a la vida.   Como soy consciente de que no soy la única que batalla con sus agobios, decidí silenciarme por un ratico y regresar cuando las aguas se hubieran apaciguado. 

Felizmente puedo decir que el balance en general ha sido satisfactorio:  En primer lugar, los negocios han mejorado dentro de lo que cabe, y nuestro grupo literario no se ha disuelto.  Hemos cambiado las reuniones semanales por un encuentro mensual para comentar los proyectos de cada uno, y por supuesto, mantener el contacto.  Lo cual a quienes nos matriculamos en un curso de novela los sábados nos es mucho más conveniente. 

Bueno, y es todo por el momento.  Sólo quise acercarme para que sepan que no los olvido, que los recuerdo a todos y a cada uno, que espero que ustedes y sus familiares gocen de buena salud, que las próximas a ser madres lleven sus embarazos a feliz término y que la alegría y la poesía regrese a los corazones e inunde con su presencia cada rincón de esta casa.  Se les quiere y extraña. 

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Tags: personales

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2 Diciembre 2009

PAUSA NAVIDEÑA Y MIS BUENOS DESEOS

"UN FARO ES CURIOSO, ILUMINA Y TE UBICA, PARA QUE NO TE LE ACERQUES"

Mis queridos amigos y amigas:

Otro año más que ha transcurrido, el tercero en Septiembre pasado de esta maravillosa aventura coctelera, que me ha permitido conocer y disfrutar del calor de vuestra inestimable amistad.   

Y por fin llegó Diciembre y las vacaciones de Navidad y me preparo encantada para viajar a mi inolvidable Colombia a pasar estas fiestas con la familia y las amistades de siempre. 

Como es natural, no quería ausentarme sin avisarles y reiterarles que aunque estaré feliz en mi tierra, sin duda los llevaré en mis pensamientos y extrañaré vuestros artículos y nuestra diaria comunicación. 

Les deseo que disfruten estas Navidades en excelente salud y rodeados del calor familiar.  Yo, como soy la eterna optimista, les pido que hagamos votos para que el año próximo se obre el milagro de la cordura en quienes dirigen nuestros destinos.  Roguemos para que la libertad no continúe secuestrada y para que la mentira, la corrupción y la ambición desmedida, cedan paso a la verdad, a la honestidad, y  a la mesura.  Que en medio de las tinieblas la esperanza sea nuestra guía. 

 Aunque parezcan las frases acostumbradas, les aseguro que me brotan del corazón.

Hasta el año próximo.

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1 Noviembre 2009

ALUMBRAMIENTO

 

"En algún momento fui una semilla, que la lluvia regó con sus lágrimas y el sol acarició para que despertara a la vida.  Germiné en las entrañas de una Ceiba, de tronco muy joven.  Asomé como una hojita tímida, y cada mañana  bebí el rocío que el sol me dejaba, y muy pronto me convertí en flor, y de flor me transformé en fruto, y crecí y crecí hasta avasallar al árbol que incapaz de soportar mi peso, dejó que el viento estremeciera sus ramas para liberarse por fin de su pesada carga."   Madeleine

 ALUMBRAMIENTO

Soy el doctor Garcés y he sido el obstetra durante la mayor parte del embarazo de la joven a punto de dar a luz por primera vez.  Llegué a la casa alrededor de las 4 de la madrugada para responder a la llamada de alarma, y casi me tropecé a boca de jarro con el doctor Díaz. Habíamos acordado que él sería mi sustituto en caso de que el alumbramiento se acelerara y yo no pudiera estar presente.  Me sorprendió su presencia y pensé que había habido una mala comunicación.  Más tarde supe que Díaz y yo no habíamos sido convocados al mismo tiempo por error.  La futura madre llevaba ya varios días en intensa labor, y aunque el parto parecía inminente, su sufrimiento se prolongaba sin resultado.  Esa madrugada  los dolores se hicieron tan insoportables y sus lamentos tan lastimosos, que la madre de ella se desesperó.  Su hija lucía como un animalito apaleado y sin embargo su yerno se negaba a "importunar" al doctor, se había dicho  disgustada.  Por fin, el dolor se hizo tan incontrolable que el marido también asustado resolvió llamarme. Ignoraba que para entonces su suegra le había dado aviso al doctor Díaz.  "Esto ya es una tortura. Y no es a mi yerno ni es a los médicos a quienes les duele" había dictaminado, doña María.      

El ambiente en la casa era de agitación a pesar de la hora.  Una cálida brisa soplaba a través de las ventanas abiertas.  La familia entera se hallaba de pie, listos todos a dar la batalla junto con la madre en ciernes.  El marido me recibió sonriente y en apariencia tan sereno como acostumbraba. Sin embargo, percibí una nota de profundo alivio en su saludo agradecido, que delataba a las claras su nerviosismo.  La suegra con expresión preocupada y evidentes muestras de cansancio en el rostro se movía afanosa de la habitación a la cocina para calmar a la hija e impartir órdenes a las dos niñeras, que diligentes hervían agua y doblaban una pila de toallas blancas, inmaculadas.  Una niñita como de 6 años, hija de la hermana mayor de la parturienta, observaba el trajín de los adultos con expresión confusa y somnolienta.  Bostezaba de cuando en cuando y se chupaba el pulgar, aferrada a su muñeca y a las enaguas de la abuela o de alguna de las nanas cuando éstas pasaban por su lado. Todas la zafaban con suavidad.  "Qué haces levantada a estas horas, niña..., estás que te caes de sueño, vete a dormir, no ves que estamos ocupadas?", le dijo una de ellas impaciente.  Pero la nena, que obstinada, luchaba por mantener los ojos abiertos, se encogió apenas de hombros e ignoró la orden.  Era obvio que no deseaba perderse pie ni pisada de cualquier cosa que ocurriera.

Entramos a la habitación principal escoltados por el marido.  La joven esposa se hallaba rendida en la cama con la cabeza reclinada sobre las mullidas almohadas de fundas blancas. Su madre, solícita, le limpiaba el sudor que le empapaba la frente.  - Ya están aquí los médicos..., ves? tienes dos a falta de uno, le observó con tono satisfecho y tranquilizador mientras hacía ademán de incorporarse, y miraba a su yerno con ojos de reproche.  La joven nos sonrió débilmente, parecía una niña asustada metida en un terrible aprieto.  Yo la tomé de las manos y le dije con voz segura, que infundía confianza: -Tranquila, todo irá bien.  Doña María tiene razón..., ya estamos aquí para ayudarte.  El marido tomó el lugar que su suegra había dejado, y acarició a su mujer con ternura. 

Terminábamos de prepararnos cuando unos golpes urgentes en la puerta del pasillo que conducía al baño, y la voz angustiada de doña María anunció que su hija ya había roto la fuente.  Entonces la agitación alcanzó tal punto de descontrol que las escenas se sucedían como una comedia o un cuento de tiras cómicas.  Todas, la suegra, las nanas y la sobrina revoloteaban por la habitación como mariposas alocadas alrededor de la parturienta que lloraba desconsolada.  Sentí que había llegado el momento de hacerme cargo de la situación y con amabilidad pero con firmeza saqué a Doña María de la alcoba, y con ella en racimo a la nieta colgada a su falda y a las confundidas nanas.  Sólo permaneció el marido que a no ser por su palidez, trajeado como estaba ahora con las mismas ropas que usábamos nosotros para atender el parto, inclusive yo hubiera apostado que se trataba de un tercer médico.

El alumbramiento fue breve y sin dificultad, y en esos momentos la joven madre pareció transformarse.  Todo su temor, sus lágrimas y sus quejidos se desvanecieron como por ensalmo.  Dio tres o cuatro pujos intensos y el llanto de su hija recién nacida tan persistente como el suyo antes, inundó la estancia y nos taladró los oídos.  La madre era ahora una rosa pálida y desmayada sobre una sábana de nieve manchada de carmesí.  Con rapidez y eficacia cortamos el cordón umbilical y lavamos y envolvimos a la recién nacida, que sólo dejó de llorar cuando la depositamos en los brazos de su feliz y recién estrenado padre, que conmovido la contempló por unos instantes y luego tembloroso la puso en el seno de su mujer.  Es un niño? Preguntó ella aún con los ojos entrecerrados.  No, dijo él con la voz queda y la respiración entrecortada, es una niña.  Ella permaneció inmóvil y guardó silencio por un breve espacio de tiempo.  La tensión del padre aumentó,  y a mí se me antojó que hasta la bebita parecía expectante. Entonces, luego de unos segundos que parecieron eternos, la madre abrió los ojos y la tomó.  Un río de lágrimas afloró en sus ojos al contacto con la bebita.  Una niña, repitió con asombro y la dí a luz yo solita! exclamó ahora regocijada.  Los tres hombres nos miramos, como para digerir la observación y soltamos al unísono una carcajada.  Entonces el doctor Díaz abrió intempestivamente la puerta de la habitación, y la suegra, las nanas, la sobrinita y su muñeca, todas se derrumbaron hacia dentro como fichas de dominó.          

 Nota:  Es un cuento que nos pidieron para el taller de Literatura y que por tener para mí un significado especial le dedico a todas las madres primerizas, a las que ya son y a aquellas que pronto tendrán la dicha de serlo.

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Literatura y Poesía

Key Biscayne, Florida, Estados Unidos de América
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Soy Madeleine, una abogada, colombiana de origen y de corazón y nacionalizada americana. Estados Unidos, pues, es mi segunda patria. Vivo en Key Biscayne, una islita cerca a Miami en donde trabajo como corredora de bienes raíces y estoy felizmente casada hace ya una pila de años. Aprendí inglés, francés e italiano, porque me gusta la gente y comunicarme con ella. Creo que el Amor y la Fe mueven al mundo. Escribo poesía y cuentos, y trato de hacer de las penas risa y ficción, y escuchar la música y la poesía que tiene la vida, y sobre todo descubrir la que esconden los demás. Son bienvenidos a mi casa todos aquéllos y aquéllas que tengan una tónica similar y sientan que tienen algo positivo que aportar..., ah! y no censuro en lo más mínimo la diferencia de ideas siempre que se expresen con respeto, sin atropellar ni insultar.

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