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La Coctelera

Literatura y Poesía

Quién no espera vencer, ya está vencido.

8 Septiembre 2006

Un Milagro de Amor

"Los milagros sólo le ocurren a la gente que cree en ellos". Este es un testimonio de lo que me sucedió cuando murió mi padre y 5 años después para mi cumpleaños cuando mi profesor de Creación Literaria me pidió que comentara sobre un cuento. Quiero compartirlo con mis amigos de la coctelera.
El cuento que he escogido para comentar se llama “Ningún lugar está lejos”, y su autor es Richard Bach. Aunque es una historia infantil, su contenido es profundo y certero. Es un libro que nos habla sobre el cariño y la amistad y nos enseña a usar la imaginación y a apreciar los valores reales, la verdad y la alegría. Tiene un significado especial para mí, porque se relaciona con una anécdota personal y porque a través de él recibí un mensaje extraordinario de amor y consuelo.

El día en que murió mi padre ha sido, sin duda, el más triste de mi existencia. A pesar de que no podría decir que su deceso fue sorpresivo, porque ya hacía algunos años que su salud había empezado a deteriorarse, tenía el convencimiento iluso de que mi adorado papá era inmortal. Recibí la noticia como un “mazazo” y tuve la sensación de que yo también comenzaba a morir un poco.

Estaba anonadada. Mi protector, mi amigo, mi guía, una de las almas más puras que he conocido, había desaparecido de un plumazo. Por cierto, era lo único que me consolaba: la certeza de que no había sufrido. Cumplimos su voluntad, y su cuerpo se transformó en un puñado de cenizas que hacían parte ahora, de las aguas del río vecino adonde nació. Se marchó silenciosamente, con la prudencia con que acostumbraba hacer todas sus cosas, y nos dejó sumidos en una tristeza indescriptible. Parecía como si la vida hubiera perdido la mitad de su encanto y su color. Se llevó con él, su ternura inigualable, las memorias de todo aquello que nos proporcionó, una infancia feliz, una juventud sin sobresaltos y muchos otros recuerdos lindos: El aprendizaje arduo, la lucha y el sacrificio, algunos momentos de derrota y de “inténtalo de nuevo”, el sabor del triunfo y de la euforia.

En Mayo, tres meses antes de morir, mi papá vino desde Bogotá con mi mamá y mi hermano para celebrar mis cincuenta años, tal como me lo había prometido. En Abril había ingresado en el hospital para un cateterismo. Lo llamé después de la operación y le dije en broma: “Tienes que jurarme que vas a recuperarte para mi fiesta de cumpleaños, no puedes fallarme”. Se quedó callado un segundo y luego me contestó riendo: “Por supuesto que allí estaré. No voy a quedar mal contigo”. No faltó a su palabra, pero ese fue el último agasajo que compartimos.

Cuando regresé de su segundo funeral (tuvo un homenaje en Bogotá y otro en Cali), la casa estaba helada, sin alma. Yo deambulaba por todos los rincones con la esperanza inútil de oír su voz o sentir su presencia Por más de que me esforzaba para no llorar y en mi interior me amonestaba y repetía que ya no era una niña, y a mi edad debía por lo menos conservar la dignidad, mi dolor no menguaba. No lograba siquiera conciliar el sueño y sentía que hasta las lágrimas se me habían agotado; desesperada, me refugié en su cuarto, con la singular idea de que al estar entre sus cosas me acercaría a él, y le rogué que me ayudara, que encontrara una manera de hablarme, de calmarme. Sentí frío y busqué en sus cajones algo para ponerme que fuera más abrigado y al levantar un saco hallé un librito de pasta anaranjada que en su tapa posterior decía: “Si desea estar con alguien a quien usted ama, ¿no está ya a su lado?” Lo abrí temblorosa y un torrente de lágrimas me nubló la vista, por la fuerza contundente de la coincidencia.

Era el relato de un hombre que había sido invitado a la fiesta de cumpleaños de una niña, a miles de kilómetros de donde él estaba. Le llevaba un anillo como presente y viajaba desde tan lejos, sólo por una buena razón: ansiaba estar con ella. Un colibrí, un búho, un águila, un halcón y una gaviota lo transportaron a su destino. En el trayecto, los cinco animales le hicieron comentarios que lo forzaron a reflexionar y a modificar sus ideas y lo llevaron a concluir que en realidad él no hubiera necesitado hacer ese viaje tan largo para acompañar a su amiguita. La lección era, que “ninguna persona está lejos si existe el deseo y la voluntad de estar a su lado”.

Cuando la niña abrió el regalo del hombre, él le explicó lo que había aprendido: Que el anillo centelleaba con luces especiales y nadie podría quitárselo ni destruirlo. Ella era la única que podía verlo, como él había sido también el único que lo veía cuando era suyo. El anillo le otorgaba un poder nuevo: Podía viajar en las alas de todas las aves y ver a través de sus dorados ojos, tocar el viento y conocer el júbilo de elevarse por encima del mundo y sus preocupaciones. Podría permanecer en el cielo, durante la noche y a la salida del sol, y cuando quisiera bajar, sus preguntas tendrían respuestas y sus angustias habrían desaparecido. A medida que la niña usara el anillo, éste se tornaría más poderoso, pero al final ella comprobaría que no necesitaba ni la joya, ni las aves para volar sola sobre el silencio de las nubes. Y cuando ese día llegara, entonces ella a su turno, debería darle su regalo a alguien que supiera que lo iba a utilizar bien, como lo había hecho ella.

La historia concluía textualmente con el siguiente mensaje: “Mi niña, esta es la última fiesta que celebraré contigo, después de haber aprendido lo que me enseñaron nuestros amigos, los pájaros. No iré en adelante, porque ya estoy allí. No eres pequeña porque ya has crecido…, vuela libre y dichosa más allá de los cumpleaños y a través de la eternidad, y nos encontraremos alguna que otra vez, cuando lo deseemos, en medio de la única celebración que jamás puede terminar”.

Me costó darle crédito a mis ojos y al resto de mis sentidos. Mi papá acababa de enviarme una lección de amor y sabiduría, todavía más elocuente que las muchas que me dio en vida. Mi corazón se llenó de paz y gozo, y en ese momento tuve la seguridad de que no nos había abandonado, de que siempre estaría con nosotros. Bastaba sólo con desearlo, había que usar el anillo cuando quisiera encontrarlo.

PS- Curiosamente, usted Daniel, sin saberlo me ha regalado hoy algo, me ha dado de nuevo la oportunidad de volver a usar el anillo. Ayer fue mi cumpleaños. Mil gracias.

servido por Madeleine 14 comentarios compártelo

14 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Stella Gómez Vernaza

Stella Gómez Vernaza dijo

Madelaine definitivamente eres una persona muy sensible y llena de amor. Este cuento de tu papá es lo más sentido, milagroso y al mismo tiempo real que he podido leer y se me clavó en el alma. Algo parecido sentí yo cuando hace 5 años murió mi mamá, ella que traía un cancer en el colón desde hacía 2 años, yo siempre pensaba ella no va a morir pero si murió. A veces la necesito y ella allí está tan visible como real con su ejempo, con sus enseñanzas y con su personalidad. Parece que este cuento también fuera para mi. Muchas gracias por lo que aprendí en él. Te quiero SGV

8 Septiembre 2006 | 09:31 PM

luchi

luchi dijo

Aunque lo conocia....un hurra! cada vez que te leo me convences mas!
Dios te bendiga! un abrazo

9 Septiembre 2006 | 05:08 AM

locaporlaluna

locaporlaluna dijo

Qué bueno andar por acá, el aroma es suave, las palabras logran una caricia virtual con gran facilidad.
Pienso en mi papá que debe estar leyéndome desde su escritorio de estrellas, desde hace año y medio y siento cada una de tus expresiones como mías. Gracias, por traerme el recuerdo atado a una flor, la de la sabiduría.
Que cumplas muchos más, siempre con él, dirigiendo tu pluma como ahora. Cariños

9 Septiembre 2006 | 05:40 AM

:::Lucía:::

:::Lucía::: dijo

Me conmovió mucho su historia. Hace muy poco murió mi abuela, dos días antes de mi cumpleaños. Fue terrible, pero medi cuenta con el tiempo que era egoísta de mi parte llorar, porque ella ahora está en el cielo; pasó a otro estado, pero sigue ahí, acompañándome cada vez que me acuerdo de ella.

la invito a que siga pasando por mi blog

Lucía.

9 Septiembre 2006 | 07:43 PM

Señora Nostalgia

Señora Nostalgia dijo

A LOCAPORLALUNA: GRACIAS POR ACARICIAR MI ALMA CON ESAS PALABRAS LLENAS DE AMOR Y DE TERNURA. MADELEINE

10 Septiembre 2006 | 06:38 PM

Señora Nostalgia

Señora Nostalgia dijo

Bien, Lucía, usa el anillo cada vez que la extrañes y te sientas triste. Por supuesto que seguiré visitando tu blog. Me encantó. Madeleine

10 Septiembre 2006 | 06:46 PM

Lucero Prati

Lucero Prati dijo

Madeleine.
Si tienes la vena para escribir.
La vena porque tienes sensibilidad, aprecio y claridad.
Lindas las palabras, sencillas y amorosas.
Que lindo conocerte de nuevo despues de nuestros casi 40 años de la presentacion.
Mi padre cuando murio me dejo una paz muy grande.
Un abrazo cariñoso
Lucero

11 Septiembre 2006 | 10:06 PM

Peretti

Peretti dijo

Realmente me ha dejado impresionado tu escrito. Hace años perdí a mi padre. Creí que me volvía loco. Mi padre siempre fué mi referencia. Cuando me preguntan a quien me gustaría parecerme, siempre respondo que a mi padre. Y siempre lo siento cuando estoy en casa. Él me ayuda, me protege me aconseja. A veces, si me esfuerzo, incluso puedo oler su presencia. Incluso, os parecerá que estoy loco, ha evitado que tuviera un accidente de moto. En fin, Madeleine, me he sentido indetificado en tu historia.
Un beso fortísimo y sigue contado historias como esta. Son de las que nos enriquecen.

12 Septiembre 2006 | 05:04 AM

Señora Nostalgia

Señora Nostalgia dijo

Peretti: Loco para nada, te lo creo. Ellos son verdaderamente, nuestros ángeles de la guarda. Privilegiados nosotros que podemos leer las señales y comunicarnos con nuestros seres queridos sin necesidad de que se abran puertas y se cierren o algún otro fenómeno paranormal. Tu padre debió de ser como el mío, un ser extraordinario, porque tú tienes un alma linda. Al menos así lo parece, por lo que escribes. Mil gracias por visitar mi blog. Seguiré visitando el tuyo y enriqueciéndome con tus escritos. Madeleine

12 Septiembre 2006 | 07:59 PM

Lucy

Lucy dijo

Hola Madeleine:
Son incontables las veces que pasé por acá a leer este relato y siempre terminé llorando. Es una historia preciosa y muy parecida a la mía, quizás sea por eso que me conmueve tanto... pero yo todavía a pesar de los años no encontré mi anillo.
Estoy segura que mi Papá desde el cielo debe estar cansado de repetirme el antepenúltimo párrafo, pero no hay caso...
De todas formas, como muchas veces hablamos con Peretti, creo que somos afortunados que la vida nos haya dado un Papá al que podamos recordar y amar de esta manera, en definitiva el Amor es el único sentimiento que transciende la muerte, la ausencia, el vacío.
Por otro lado me queda la tranquilidad que mientras estuvo acá con nosotros no me cansé de decirle: "Viejo, te quiero" y ese sentimiento sigue intacto.
Te mando un beso grande y gracias por haber compartido tan hermosa historia con nosotros.
Desde Buenos Aires
Argentina
Lucy

14 Septiembre 2006 | 08:10 PM

Beatriz González Amaya

Beatriz González Amaya dijo

Qué descubrimiento más maravilloso. Qué suerte he tenido. Eres un ser humano fantástico, no quisiera perder nunca más el contacto contigo. Leerte es un aliciente, también perdí a dos seres muy queridos, mi hermana mayor primero y al año a mi padre. Pero los sigo teniendo conmigo, de eso estoy segura. Un beso muy grande y gracias. Bea

15 Septiembre 2006 | 06:44 PM

Señora Nostalgia

Señora Nostalgia dijo

Gracias, Beatriz. Soy yo la que me he sentido bendecida al tener contacto con todas ustedes y conocer las historias y saber que las compañeras de mi infancia, son personas generosas y llenas de amor y coraje. No sabes cómo me alegra que mis anécdotas toquen tantas almas. Madeleine

15 Septiembre 2006 | 06:46 PM

ninapaz

ninapaz dijo

uno de mis maestros siempre me dijo: los cumpleanos son fechas donde se renueva el espiritu,es un dia dificil y de muchos cambios, hasta de angel guardian. pasan muchas alrededor de ese dia..este ano el mio fue milagroso tambien, ahora lo veo asi.
14 de mayo, el que ahora ya no es mas mi esposo me dejo, justo el dia de mi cumpleanos, pero eso hizo que la vida me cumpliera una deseo, venir a china a sanar el corazon.

15 Septiembre 2006 | 08:19 PM

Señora Nostalgia

Señora Nostalgia dijo

Nina: Qué lindo pensamiento ese: "Que en el cumpleaños se renueva el espíritu", pero prefiero que no haya cambio de guardia en mis "ángeles de la guarda". Quiero que mi papá y los demás que tengo en el cielo sigan estando siempre de turno.
Respecto a lo que me dices de tu ex-marido dicen que "no hay mal que por bien no venga" y ya ves se te dio tu deseo de estar en Shangai. Por otra parte, él se lo pierde, tú pareces ser alguien muy especial. Ojalá encuentres alguien que te sepa apreciar como eres. Sigue divirtiéndonos con tus experiencias y tus escritos y por favor déjanos saber cuando tu corazón vuelva a palpitar por alguien. Un abrazo. Madeleine

16 Septiembre 2006 | 08:11 PM

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Key Biscayne, Florida, Estados Unidos de América
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Soy Madeleine, una abogada, colombiana de origen y de corazón y nacionalizada americana. Estados Unidos, pues, es mi segunda patria. Vivo en Key Biscayne, una islita cerca a Miami en donde trabajo como corredora de bienes raíces y estoy felizmente casada hace ya una pila de años. Aprendí inglés, francés e italiano, porque me gusta la gente y comunicarme con ella. Creo que el Amor y la Fe mueven al mundo. Escribo poesía y cuentos, y trato de hacer de las penas risa y ficción, y escuchar la música y la poesía que tiene la vida, y sobre todo descubrir la que esconden los demás. Son bienvenidos a mi casa todos aquéllos y aquéllas que tengan una tónica similar y sientan que tienen algo positivo que aportar..., ah! y no censuro en lo más mínimo la diferencia de ideas siempre que se expresen con respeto, sin atropellar ni insultar.

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