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La Coctelera

Literatura y Poesía

Quién no espera vencer, ya está vencido.

18 Septiembre 2006

Las Manos: El reflejo del alma

LA MANO

Ricardito Sarmiento era un chico laaargo, laaarguísimo, tanto, que cuando uno lo miraba daba la sensación de ser interminable. Tenía el cabello rubio y los ojos claros y unas manos inquietas de adolescente, de dedos finos y elegantes, semejantes a los de un pianista. Iba a cumplir 16 años y andaba con las benditas hormonas alborotadas. La sombra de una peluza odiosa en su labio superior, y unos cuantos granitos indiscretos, delataban a gritos la etapa de crisis que atravesaba.

Su familia se había mudado hacía poco a un barrio nuevo, y debido a su timidez, Ricardito no había hecho hasta el momento ni un solo amigo. Bueno, en realidad, en aquel vecindario no era fácil hacerlos porque no había mucha gente de su edad. Cuando salía a trotar, la única persona que se encontraba era una señora mayor, de ojos saltones y manos artríticas, que vivía en una casa grande, enfrente de la suya, y que por su apariencia y actitudes, a él se le antojaba que era la clásica “fisgona”. La veía a menudo paseando su perrita, una pekinesa tan antipática como ella, que les ladraba hasta desgañitarse cuando él y su perro "Trueno" pasaban. Trueno, que por fortuna no perdía el tiempo con pequeñeces, la ignoraba olímpicamente. La vecina, en cambio, los examinaba en detalle, sin molestarse en esconder su evidente e inexplicable curiosidad. Otras veces, los miraba con hostilidad, como temerosa de que ellos fueran a causarle daño.

Trueno, un labrador precioso, era pues, el compañero inseparable de Ricardito. Cada día, lo aguardaba, leal e impaciente, a que volviera del colegio, y no escatimaba esfuerzos en demostrarle su cariño enorme. Antes de que siquiera asomara la trompa el ómnibus de la escuela, el perro, que parecía adivinar el ruido del motor, levantaba las orejas y escuchaba atento para confirmar la llegada de su amo. Se paraba enseguida, y daba saltos de entusiasmo cuando veía que el bus doblaba la esquina. Luego se sentaba en las patas traseras y batía la cola con fuerza y acezaba con ansiedad. En cuanto el muchacho salía, se le avalanzaba y le prodigaba toda suerte de lengüetazos para manifestarle abiertamente su alegría.

Ricardito, además de tímido, era un chico “sui generis”. Le fascinaban las manos de la gente. Creía descubrir en ellas la condición humana, y por eso cuando conocía a alguien, luego de mirarle a la cara, le observaba las manos.

Su fijación tuvo origen en un cuento sobre la mano peluda, que de pequeño le relató una niñera. ¡Vieja estúpida! La mujer con su historia le hizo la vida “a cuadros” al muchachito. Durante una semana entera, sus noches se transformaron en un perenne tormento. En cuanto le apagaban la luz en la habitación, la tenebrosa mano brotaba de debajo de su cama y amenazaba con ahorcarlo. Lo perseguía hasta en sus sueños y las pesadillas eran tan frecuentes, que el pobre niño tenía terror de dormir. Lo peor era que sus tribulaciones no acababan cuando amanecía. Andaba como un zombie por toda la casa, se caía de sueño, y gemía cuando el cartero traía la correspondencia, porque éste tenía unas manos regordetas y cubiertas de vello que lo llenaban de espanto.

A pesar del terror que sentía, Ricardito no le dijo nada a sus padres. Soportó como un valiente esos siete días siniestros, porque la pérfida doméstica le advertió, para colmo de sufrimiento, que “los verdaderos hombres no sienten miedo de nada, y no lloran ni se quejan con la mamita. El temor es sólo para las niñas...”. Se lo dijo con una voz tan melosa, que el amedrentado niñito deseó que fuera ella la estrangulada.

Cansado de que sus padres lo regañaran porque había empezado de nuevo a orinarse en la cama, una noche no aguantó más, y dió un alarido tan escalofriante, que por supuesto, espantó para siempre a la mano peluda y despertó a su mamá que acudió muy asustada a calmarlo. Con mucha dulzura, ella le acarició la frente, y cuando el atribulado niño vio sus manos aladas, de dedos largos y delicados, y sintió su roce de seda, comprendió que ante tanta belleza y ternura no existía otra mano en el mundo, por perversa y peluda que fuera, que le pudiera causar daño.

¡Qué paradoja! La pesadilla de su infancia le dio una lección de amor y lo marcó de una manera positiva en su vida de adulto. Comprendió que la mano era poderosa, lo gobernaba todo, lo abarcaba todo. Revestía importancia desde el nacimiento hasta la muerte. Con una palmada, una mano nos hacía respirar al llegar a este mundo, y nos despedía al marcharnos, pensó. Su trascendencia era tan grande, que la citaban hasta en un sentido figurado: “...me dio una mano, cuando más lo necesitaba...”, o “...fue la mano que me salvó de caer al abismo..., voy a pedir su mano..., anunciaba un hombre enamorado”.

La mano era la representación suprema del Bien y del Mal: La mano de Dios y la del diablo, aquélla que construye y la que destruye. Estaba en todas partes, parecía invadirlo todo: El amor, el hogar, el trabajo, las iglesias, los hospitales, los campos, el arte, el sexo, el deporte, la guerra y la paz. Manos que producían maravillas, delicadas y finas, manos laboriosas que trabajaban sin descanso, algunas arrugadas y toscas; manos que curaban males físicos y otras manos santas que sanaban los pesares del alma. Y luego, por supuesto, había también manos malas, lujuriosas y ávidas; manos asesinas que golpeaban y torturaban, “la mano que disparó el gatillo”, y la que asfixiaba, la misma que equivalía a la mano peluda de su niñez.

Sin embargo, siendo tan distintas, todas las manos tenían algo en común: Eran el reflejo obvio de quienes las poseían, las que narraban una historia de fortunas y pesares; eran una fotografía del alma, un libro abierto que contaba la vida y los secretos más íntimos de sus dueños. No en balde había personas que se dedicaban a leerlas.

Y, fue precisamente por una mano que Ricardito se metió en un problema. Un día, Mauricio, un amigo del colegio le mostró un maniquí de mujer, que según le dijo, había adquirido para “entretenerse”. “Me costó casi todos mis ahorros, pero valió la pena...”, añadió su compañero y sonrió con malicia y resopló satisfecho. “Te la presto para que te diviertas con ella, con la condición de que me la cuides, como a una joya...”.
La muñeca era de caucho, tamaño natural, y estaba hecha con tanto detalle y perfección que parecía una persona real. Tenía una cabellera sedosa y exuberante, un talle breve y unas manos de dedos largos y delicados con las uñas pintadas de rojo. Y lo mejor de todo, una llavecita discreta en su cintura se giraba, y el maniquí cobraba vida: Abría y cerraba los ojos con languidez, cantaba, bailaba y se contorsionaba igual que una vedette del Lido. Fue una oferta que el chico no pudo rechazar, al contrario, estaba encantado con la “generosidad” de su amigo, y una noche, aprovecharon que no había nadie en su casa y llevaron allí a la “mujer” envuelta en unas sábanas. Nerviosos, como estaban, al pensar que alguien de la familia pudiera llegar y pillarlos con un “paquete”, que no podrían justificar, no se percataron de la presencia de la vecina “metiche”, en la ventana de enfrente. Ni más está decir, que la curiosa señora redobló la vigilancia que ya tenía montada sobre el muchacho.

Una tarde en que su madre entró en su alcoba, sin previo aviso, Ricardito escondió precipitadamente la muñeca bajo la cama. Lo hizo con tan poco tino, que tuvo la mala suerte de que una mano de su “juguete” se quedó por fuera. Trató de taparla con rapidez, pero la mano que era muy flexible, rebotó, resistiéndose de nuevo a permanecer oculta. Horrorizado, el chico se sentó encima de ella, mientras hacía esfuerzos enormes para que su mamá no la viera. Por suerte para él, ella, acostumbrada a la forma poco convencional de ser de su hijo, no notó nada anormal en su comportamiento. Pero, en cambio Trueno, que sólo pasaba por alto a la perrita de la vecina, en cuanto su dueño salió de la habitación, inspeccionó intrigado lo que éste guardaba con tanta diligencia bajo la cama.

Mayúscula sorpresa se llevó Ricardito cuando al volver a su casa la encontró rodeada de patrullas de policía y reporteros de televisión. Caminó despacio, como en un mal sueño, y oyó que alguien comentaba que habían descubierto un crimen. En medio de la conmoción, la vecina daba declaraciones con aire satisfecho, obviamente disfrutaba de sus cinco minutos de fama: “...Siempre creí que ese muchacho y su perro eran muy extraños…, su conducta era sospechosa. Es más, hasta llegué a preguntarme si la familia entera no sería mafiosa..., y miren si no tenía razón..., pobre mujer..., pensar que todo lo que quedó de ella fue una mano...”, añadió señalando hacia Trueno, que con orgullo, aún sostenía entre los dientes..., la mano de uñas rojas de la destrozada muñeca!

No hay duda, que ésta será una semana muy larga, suspiró el chico con una mezcla de temor y resignación cuando vio al perro. En realidad le importaba un comino la explicación que habría de darle a la policía. Ir a la cárcel era preferible, comparado con el agobio que le causaba explicarle a sus padres y contarle a su amigo lo sucedido. Derrotado, sin pensarlo dos veces, se sentó en la radiopatrulla.

Madeleine de Cubas

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9 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Ainara

Ainara dijo

En realidad se supone que lo entendí, pero de todos modos no entiendo por qué la vieja dijo nada a la policía si era solo una muñeca...
Bueno, me encanta tu blog, aunque el mio no vaya por el mismo camino, te invito a que te des una vuelta.
http://www.lacoctelera.com/-ainaralone-/

18 Septiembre 2006 | 06:05 PM

Señora Nostalgia

Señora Nostalgia dijo

Querida Ainara: Qué graciosa! La vieja pensaba que era un asesinato. Tienes que tener en cuenta que este cuento es un poco en broma (su importancia radica en destacar la importancia de las manos). Visitaré tu blog, gracias por venir por el mío. Madeleine

18 Septiembre 2006 | 07:44 PM

Lucy

Lucy dijo

Hola Madeleine:
Te escribo para pedirte bien tu dirección de mail así te voy mandando los códigos y las direcciones de las canciones que subí... puede ser que alguna de las que me gustan a mí te sirvan, ya que me parece que la que me dejaste le falta algo.La mía es parachiara@hotmail.com.
Te mando un beso
Lucy

19 Septiembre 2006 | 06:28 AM

Renaissance

Renaissance dijo

Una delicia de cuento... Me gusta esa teoría que desarrolla sobre el poder de las manos; es cierto, dicen mucho sobre nosotros.

Un beso.

23 Septiembre 2006 | 10:33 AM

Martha Humphrey

Martha Humphrey dijo

Querida,Madeleine...

Son muchos los amigos,a los que quiero desearles una feliz navidad y un prospero año nuevo,y no solo este año,pero también los venideros.La navidad ya se aproxima y el tiempo a veces no alcanza para escribirle a cada uno,es por eso que estas humildes letras,van dirigidas con mucho amor para todos.Es un mensaje cortito,pero en el,he puesto todo mi corazón y cariño.Y en un sobresito de agradecimiento las he guardado y lo he sellado con lazitos de alegría,para cuando las puedas leer,se te queden en el alma...

Este sobrecito contiene...paz y felicidad,para ti,y todos tus seres queridos,amor,bienestar y optimismo,y un cumulo de esperanza también.Y hoy que puedo estar aquí,te expreso mi sincero agradecimiento,tu amistad la valoro, con mi alma y mi corazón...

Gracias por existir en mi vida,¡¡¡siempre,siempre!!!,te lo agradeceré,y gracias le doy siempre al señor,porque fue él,quien te puso en mi camino.Eres una persona especial,lo puede percibir mi alma,me gustan tus buenos sentimientos y el cariño que das a los demás.

Ya con estas lineas me despido,y te dejo el sobrecito con mis buenos deseos,abrelo hoy o en la noche buena,ese es mi regalo,un humilde regalo de amor.

Feliz navidad y un prospero año nuevo, para ti y todos tus seres queridos.Te lo deseo desde el fondo de mi corazón.

Sinceramente...
Martha Humphrey

P.D. Te estaremos esperando con mucha ilusion.Regresa pronto.

17 Diciembre 2006 | 10:13 PM

CADA

CADA dijo

Hola. Me encantó el relato. Tu forma de escribir me gusta mucho. Te invito a que visites mi página. También soy colombiano.

www.lacoctelera.com/cada

28 Diciembre 2006 | 06:59 AM

Señora Nostalgia

Señora Nostalgia dijo

Martha querida, acabo de regresar y de leer tu mensaje navideño. Gracias por tus palabras tan lindas y tus buenos deseos. Espero que sigamos en contacto en los años venideros. Madeleine

A Cada, mi querido compatriota, ya le contesté en su blog. Gracias por visitarme. Madeleine

26 Enero 2007 | 06:45 PM

cachiporras

cachiporras dijo

Tan importantes son las manos, que la humanidad, con toda su inteligencia, si no hubiera tenido dos manos de pulgares opuestos, no hubiera construido el mundo. Pero si, son muy importantes. Escritores, pintores y escultores, ¿que hubieran hecho sin manos?. Yo no hubiera acariciado a mis hijos, no hubiera sentido el deseo de mi mujer, no hubiera construido dos casas...., asi hasta infinito.
Besos manoseados

6 Marzo 2008 | 01:43 AM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Importantísimas, Cachi. "Escritores, pintores y escultores, qué hubieran hecho sin manos...?" Y qué me dices de los fotográfos, y los amantes? Me encantan tus reflexiones: "Yo no hubiera acariciado a mis hijos..." Gracias por comentar. Besos alados.

6 Marzo 2008 | 04:15 AM

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Key Biscayne, Florida, Estados Unidos de América
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Soy Madeleine, una abogada, colombiana de origen y de corazón y nacionalizada americana. Estados Unidos, pues, es mi segunda patria. Vivo en Key Biscayne, una islita cerca a Miami en donde trabajo como corredora de bienes raíces y estoy felizmente casada hace ya una pila de años. Aprendí inglés, francés e italiano, porque me gusta la gente y comunicarme con ella. Creo que el Amor y la Fe mueven al mundo. Escribo poesía y cuentos, y trato de hacer de las penas risa y ficción, y escuchar la música y la poesía que tiene la vida, y sobre todo descubrir la que esconden los demás. Son bienvenidos a mi casa todos aquéllos y aquéllas que tengan una tónica similar y sientan que tienen algo positivo que aportar..., ah! y no censuro en lo más mínimo la diferencia de ideas siempre que se expresen con respeto, sin atropellar ni insultar.

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