EL DOLOR DEL ENGAÑO
EL DOLOR DEL ENGAÑO
“…SIEMPRE HABRÁ GENTE QUE TE LASTIME, Y AUN ASÍ, NO DEBES PERDER LA FE EN LOS DEMÁS, SÓLO TEN CUIDADO EN QUIÉN CONFÍAS DOS VECES…”
Fueron unos veranos bulliciosos e inolvidables, llenos de música y de risas, de sol y de mar. Las familias tenían casas de recreo sobre una playa al sur de Francia y padres e hijos se conocían de tiempo atrás. Los chicos gastaban los meses bailando al caer de la tarde y retozando durante el día de cara al sol. Otras veces planeaban aventuras o competían en el vuelo con las gaviotas y se jactaban de sus pequeñas victorias, que por lo general, alcanzaban proporciones gigantescas a medida que repetían sus historias. Y últimamente constataban maravillados los cambios excitantes que se operaban en sus cuerpos. ¡Divina adolescencia!
El último verano, sin embargo, fue diferente. Jacques despertó al encanto irresistible de la vida, con el ímpetu de un potro indomable. Tenía apenas quince años y probó el dulce fruto del amor, pero también la amarga hiel del engaño.
Recordaba hasta el último detalle de aquella mañana maravillosa en la que conoció a Gala y se enamoró con la inocencia febril de los primeros sentimientos. Desde que la vio ya supo que había quedado colado hasta las pestañas, perdido en sus ojos y en su piel color melaza, y prendado sin remedio hasta de la generosidad de su vestido azul que le permitía adivinar las sinuosidades que empezaban a dibujarse en aquel cuerpo de niña. Ella venía de Medellín, una ciudad de Colombia, que él no conocía, pero que se le antojaba maravillosa por los relatos de Gala. Allá la gente "seseaba" y tenía una entonación fuerte, pero sensual al hablar. El padre de Gala era de allí, "paisa de pura cepa", como afirmaba lleno de orgullo, y la madre Ninou era francesa. Gala y sus padres eran huéspedes esas vacaciones de la tía Michelle, una de las hermanas de Ninou.
Fue en ese mismo verano, cuando la llegada de un nuevo miembro hizo cimbrar hasta los cimientos la estabilidad de la tropa. Se llamaba Alain Gillot, y era el mayor de todos. Alto y atlético, era el triunfador seguro en las competencias deportivas que hacían, y tenía además el don de la palabra. Cuando Alain hablaba los demás escuchaban, y Jacques observaba con frustración cómo el recién llegado se "comía" al mundo con su labia. Es que Alain parecía hacerlo todo bien. Tocaba la guitarra y al bailar su ritmo seguía el compás de las olas. Enloquecía a las chicas con su pelo negro y su mirada azul, que tenía el poder de acariciar. Muy pronto se convirtió en el ídolo de ellas y en irritante amenaza para ellos, en especial para Jacques.
Y para colmo de males, Alain tenía un atractivo más. Poseía una colección completa de los últimos hits del grupo musical de moda, los Beatles, unos ingleses que se habían colado en Francia y en el mundo entero y habían hipnotizado a la juventud con su estilo diferente y su ritmo pegajoso e inigualable. Sobra decir que todas estas cualidades pesaban en el espíritu de las chicas como una tonelada de plomo, a favor de Alain. Parecía pues insuperable. Conquistaba siempre a las mejores, con excepción de Gala que por fortuna, sólo tenía ojos para Jacques..., ella parecía ser la única inmune a los encantos de Alain. Pero, la indiferencia de Gala sólo lograba aumentar la descarada insistencia del joven que desplegaba sobre ella sus regias alas de cóndor, hasta el punto que Jacques pensaba con desconsuelo que sólo sería cuestión de tiempo y también ella caería rendida, presa de su magia.
Unos días antes de que terminaran las vacaciones, Alain retó a Jacques a una competencia de natación. Si ganaba le daría su colección, pero si Jacques perdía, Gala sería su pareja en la fiesta con la que se despedían de la temporada, propuso Alain, y miró a Gala en busca de aprobación. Jacques dudó, pero la tentación de tener los discos le pudo, y además Gala lo animó para que aceptara. Aunque enseguida se arrepintió, porque el entusiasmo de ella contrastó con el pesado silencio de los demás..., pero ya era tarde para volverse atrás. Esta vez la mirada de Alain brilló de triunfo y malicia, mientras que la de Jacques se apagó sombría.
Cuando la competencia empezó, Jacques se lanzó al agua y nadó con vigor y con rabia. Ya no le importaban los discos, y sólo se repetía con obsesión que su única alternativa era ganar, pero sus esfuerzos parecían vanos ante la destreza indiscutible de su rival. Aún así, Jacques mantenía el coraje y nadaba y nadaba hacia la meta con el rostro de Gala pegado a la mente y al corazón. Sus brazos y pies convertidos en saetas lo impulsaban a una velocidad casi irreal. La orilla se divisaba ya a pocos metros, tan cercana se hallaba que a Jacques le parecía escuchar los gritos de aliento de Gala, y sin embargo, la distancia de su rival se hacía por momentos más larga. Supo entonces, que iba a perder, y enloquecido redobló el esfuerzo y nadó con la furia arrasadora de un huracán. Había cerrado los ojos para no ver su propia derrota, y cuando los abrió nuevamente se encontró con las miradas atónitas de sus amigos y los aplausos atronadores de Gala y de los demás. Incrédulo comprendió lo inimaginable: Había llegado primero que Alain. Todavía sentía el cuerpo entumecido cuando el abrazo cerrado de Gala lo devolvió a la realidad. Derrotado, Alain no tuvo más remedio que cumplir su palabra y entregarle los discos.
Gala y Jacques vivieron uno de los momentos más felices de ese verano. Esa noche Jacques se durmió arrullado por la música de los Beatles y soñó con la sonrisa luminosa de Gala y su amor incondicional.
Una mañana, días después, Alain pasó por casa de Jacques para pedirle que le prestara los discos por unas horas para copiarlos. Jacques no quería desprenderse de ellos, pero la sonrisa segura de Alain le dio confianza y Jacques se los alargó. Al día siguiente, Gala y Jacques fueron al hotel donde se hospedaba Alain para recuperar los discos. En la recepción les informaron que la familia Gillot se había marchado el día anterior...
MADELEINE DE CUBAS
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haptesupreina dijo
Excelente historia para ilustrar la frase inicial, frase que contiene una enseñanza profunda; efectivamente los engaños o desengaños que nos da la vida no nos han de servir para ir perdiendo cualidades internas y volvernos recelosos y amargados; al contrario debemos seguir creyendo en los valores que a veces nos rompen las experiencias y aprendiendo de estas para no caer en situaciones parecidas de injusticia.
AH, te lo deje en mi blog, pero te lo cuento aqui ...la foto que tengo en la cabecera de mi blog, es un regalo de angelazul y como me sorprendio con ella , me parecio hacerle un detalle colocandola ahi, pues la elaboro exprofeso para mi y lleva su trabajo.
Besos Madeleine
26 Septiembre 2006 | 06:57 AM