EL ATEO DE LA RESIDENCIA

"EL AMOR Y LA FE TODO LO PUEDEN..., TODO LO TRANSFORMAN..."
He leído esta historia que me ha gustado mucho, que aparentemente es un caso de la vida real, relatado por un sacerdote, profesor de teología, cuando dictaba clases sobre la "FE" a sus alumnos.
"Corrían los años sesentas cuando ví a Samuel por primera vez en mi clase de teología de la universidad. Mis ojos y mi mente sufrieron un sacudón. El chico lucía una larga y lisa cabellera, que le caía seis pulgadas debajo de los hombros. Era la primera vez que veía un joven con el cabello así de largo. Supuse que era una nueva moda..., pero me dije que en realidad lo importante no era la longitud de su pelo, sino lo que el joven tuviera en su cerebro..., aunque debo aceptar que tuve sentimientos encontrados, porque me hallaba poco preparado para un estudiante así..., y de todos modos lo clasifiqué como "extraño".
Samuel resultó ser "el ateo de la clase" en mi curso de Teología sobre la fe. Constantemente objetaba, ironizaba o hacía comentarios desagradables y burlones sobre la existencia de Dios. Por un semestre vivimos en relativa paz, aunque debo admitir que muchas veces mi paciencia fue puesta a prueba por mi "ingenioso" estudiante.
Cuando el curso llegó a su fin, después del examen final, Samuel me preguntó en un tono cínico: "Reverendo, usted cree que algún día encontraré a Dios?"
Decidí en ese instante aplicarle un poco de terapia de "shock" para tratar de sacudirlo: "No!!!" le respondí brusco y enfático.
"Por qué no?" me respondió con una sonrisa de triunfo, "pensé que ese era el producto que usted publicitaba con vehemencia y trataba de vendernos...".
Permití que se alejara, y cuando se acercaba a la puerta lo llamé: "Sammy, yo no creo que encuentres nunca a Dios, pero de lo que no tengo duda es de que El te encontrará a ti".
El chico se encogió de hombros y salió de la clase, y al parecer de mi vida.
Más tarde oí que Samuel se había graduado y la verdad, me sentí muy contento de que lo hubiera logrado. Entonces una noticia muy triste llegó a mis oídos: Sammy sufría de un cancer terminal.
Tiempo después vino a verme. Su cuerpo estaba minado y había perdido su cabello por la quimoterapia, pero el brillo de sus ojos y la firmeza de su voz denotaban que aunque físicamente era un hombre derrotado, algo en su espíritu había cambiado positivamente, o sería mi imaginación?
"Sammy, créeme que te he pensado constantemente durante todos estos años, me dijeron que estabas muy enfermo..."
"Sí, me contestó, es cierto, tengo 24 años y un cancer terminal en ambos pulmones..., pero la verdad ha podido ser peor..."
"Cómo así, no te comprendo...!!!!"
"Bueno, podría tener 50 y carecer de valores o ideales en la vida. Podría andar por ahí trampeando, mintiendo,bebiendo y metiendo droga, seduciendo mujeres y haciendo dinero mediante fraudes..."
Me quedé boquiabierto. Rápidamente recordé la clasificación de "extraño" que hacía unos años yo le había dado. No había duda que era a mí a quien Dios me daba una lección en aquel momento.
"...Pero, en realidad por lo que he venido a verlo hoy, tiene que ver con lo que me dijo la última vez que nos vimos...", continuó diciendo Samuel.
Entonces, se acordaba!!! pensé con emoción.
"Aunque en aquellos tiempos, mi búsqueda de Dios era más bien nula, cuando los médicos me removieron un tumor maligno, me puse en serio a buscarlo. Y cuando la enfermedad se extendió a otros órganos vitales, empecé desesperado a tocar a su puerta. Pero parecía que Dios no quería escucharme..., porque nada ocurrió. Entonces, fatigado me dije que en realidad no me importaba Dios, no me había importado antes, ni me importaría después, y simplemente abandoné mí búsqueda.
Entonces, decidí que el tiempo que me quedaba de vida lo iba a emplear en algo más positivo. Pensé en usted y en sus enseñanzas: "Lo verdaderamente triste es caminar en la vida sin amor...", me dí cuenta que era igualmente triste dejar este mundo sin decirle a quienes nos importan, a las personas que queremos cuánto las amamos...".
"Entonces, empecé con mi padre que es con quien he tenido la relación más difícil..., y lo ví llorar y arrepentirse de su indiferencia. Y lo mismo con mi madre y mi hermana. Ese día compartimos muchos sentimientos que habíamos mantenido secretos por tantos años. Sólo me arrepentí de haber esperado demasiado para exteriorizar mis sentimientos.
"Ese día comprendí que Dios estaba allí. No pareció venir cuando le rogué que me sanara del cuerpo, pero en cambio me había sanado el alma..., porque El hace las cosas a su manera y a su hora. Pero lo importante es que sentí su presencia. El me había buscado y El me había encontrado! Usted tenía razón. Y lo hizo inclusive cuando sabía que yo había dejado de buscarlo...".
"Sammy", le dije con un hilo de voz, "lo que estás afirmando es muy importante, y mucho más universal de lo que crees. Para mí, lo que estás diciendo es que la forma segura de encontrar a Dios no es convirtiéndolo en algo de lo que somos dueños y manejamos a nuestro antojo, ni tampoco alguien que sólo viene a resolver nuestros problemas, o a consolarnos cuando lo necesitamos, sino más bien El es Alguien que encontramos cuando nos abrimos al Amor".
De más está decir que la vida de Samuel no acabó con su muerte..., sólo cambió: Samuel pasó de la fé a la visión. Encontró una vida más hermosa que aquélla que el ser humano jamás ha visto, oído o imaginado.
Bienvenidos como de costumbre vuestros comentarios.






sarah dijo
Uf, Madeleine...creo que voy a pensar en todo este texto,
me siento demasiado identificada con el Samuel "extraño", ateo y burlón...
no sé, yo no creo en religiones y demás en absoluto...pero si creo en el dolor y el miedo, y en que somos humanos.
Un beso, feliz fin de semana.
23 Marzo 2007 | 06:59 PM