SEMANA SANTA
Mi padre era bautizado y fiel practicante del amor y la caridad al prójimo, que predicó Jesucristo. Sólo eso. Dudo mucho que fuera católico, porque las pocas veces que asistió a la iglesia lo hizo para complacer a la familia. Mi madre es católica, aunque pienso que no enteramente practicante, porque vive un catolicismo "acomodado" a sus propias reglas, como nos ocurre a muchos católicos. Por lo tanto, las Semanas Santas nuestras transcurrían en el mar, ya que eran épocas de descanso del trabajo o de los estudios, más bien que de fervor y recogimiento religioso.
Mi primera experiencia de pequeñita durante una Semana Santa en Cali no fue la más agradable. Una tía, por parte de madre, deseosa de "consolidar mi fe cristiana" me sacó de mi pequeño paraíso para llevarme a visitar monumentos y me enfrentó así de manera abrupta con la injusticia, el dolor y la crueldad del mundo. Quién dijo miedo!!! Llegué a la casa anegada en un torrente de lágrimas, que mi compungida y asustada tía no lograba contener. Mi papá se encendió en "santa ira" con ella, naturalmente. Logró por fin apaciguarme cuando me dijo que eso había sucedido hacía miles de años, que por supuesto, yo estaba exenta de culpa en semejante atropello, y que felizmente Cristo había resucitado para simbolizar el triunfo del Amor sobre el odio, de la Vida sobre la muerte. Mi padre era maravilloso para repartir culpas y ofrecer explicaciones convincentes!
El fervor de la Semana de Pascua en Colombia dependía de la ciudad en donde se conmemorara la muerte de Cristo. Si era en una ciudad grande como Bogotá o Cali, la ciudad quedaba desierta, porque la mayoría de la gente se volcaba a las costas, para buscar reposo en el mar. No sabría decir lo que ocurría en Medellín, en donde hubo siempre mayor concentración de católicos.
En los pueblos y en ciudades como Popayán, la Semana Santa era otra cosa. Allí se llevaban a cabo las celebraciones con notable realismo, escenificando la Pasión y Muerte de Jesucristo como si volviera a ocurrir cada año. Como comentaba un escritor colombiano con cierta dosis de humor, en un libro que leí hace tiempos,esas sí eran Semanas Santas: Se representaba una obra teatral en escenarios naturales, delante de campesinos y turistas, y por supuesto, todo se desarrollaba bien hasta la escena en que Judas entregaba a Cristo con un beso en la mejilla. En ese momento, contaba el autor, la traición era tan vívida para los conmovidos espectadores, que en una ocasión, los campesinos agarraron a piedra al pobre Iscariote, que tuvo que salir corriendo por los campos, dejando atrás las sandalias de caucho, mientras el grupo enardecido trataba de alcanzarlo para darle su merecido. Se salvó milagrosamente cuando se subió en un bus de la flota del Valle de Tenza que pasaba por ahí.
En otra ocasión contaba el mismo escritor,que un amigo suyo sufrió de niño un trauma parecido al mío, cuando fue a ver una representación, y se dio cuenta de que Gestas, el mal ladrón, era nada menos que el mago del pueblo, conocido como "Pilochán". El golpe fue bastante duro para un niño que ignoraba en ese momento que la profesión de mago era muy mal pagada y que hasta Pilochán tenía que "rebuscarse" la sopa, porque le era imposible sacarla de su sombrero.
Vivo hace muchos años en Miami, y aquí aunque somos casi todos latinos, los dueños de los negocios son en su mayoría judíos americanos. Así, que el Jueves y Viernes Santos son días de trabajo, como otro cualquiera.
Me fascinó leer la reseña que nuestra amiga Renaissance hizo de la Semana Santa en Sevilla, su ciudad. Creo que para todos los católicos del mundo practicantes, y no practicantes, y para todos los seres que habitamos este planeta, es importante recordar el mensaje de Amor que un humilde pescador de Galilea le trajo al mundo hace más de 2000 años..., y como me dijo mi padre para consolarme: Que celebremos el triunfo del Amor sobre el odio y de la Vida sobre la muerte.
Una feliz Semana Santa y les agradezco sus comentarios.








eltioantonio dijo
Cuando vuelvo en mis pensamientos y observo las fiestas desde mi punto de vista infantil, no sabes, cuánto miedo sentía, pensaba que el mundo se terminaría en ese mismo momento, que el planeta que había matado al salvador, se destruiría de una a otra. Luego en plena procesión con mis amigos infantiles, nos gustaba ir con la vela encendida y tropezarnos para que la espelma cayerá sobre nuestras manos y nos quemará muy suavemente.
Un beso y muy guapo post
4 Abril 2007 | 10:30 PM