HOMENAJE A MI PADRE..., A LOS BUENOS PADRES DEL MUNDO

SIEMPRE, SIEMPRE...MI PADRE
Llegó Junio..., el mes del padre,
y he visto el flamboyán ya florecido
nuevamente en el parque,
y en mi alma..., una costra
a ese viejo dolor..., con su mensaje.
El flamboyán, la tempestad,
la inmensidad del mar,
el azul imposible del cielo,
el oleaje...,
el arcoiris después del huracán,
o una puesta de sol..., son su lenguaje.
Gracias por tus palabras,
eterno y sabio amigo,
gracias por ser mi guía
y pintarme de vibrantes colores
el paisaje...,
Por convertirte en brisa
y venir cada mañana a acariciarme,
Sigues siendo mi héroe...,
siempre, siempre mi padre.
Madeleine de Cubas

"Hay hombres que luchan un día y son buenos, otros que luchan un año y son mejores, los que luchan muchos años y son muy buenos..., pero hay los que luchan toda la vida: Esos son imprescindibles".
Bertold Brecht
A ESOS HOMBRES IMPRESCINDIBLES, Y POR LO MISMO INOLVIDABLES, A TODOS LOS QUE ACEPTAN EL RETO DE SER BUENOS PADRES, Y NO DESFALLECEN EN EL ESFUERZO DE LOGRARLO, LES DEDICO ESTE POST.
Hoy, mientras hacía mis ejercicios matutinos en el parque, pensaba en que el domingo 17 se celebra el día del Padre..., y que le debía un homenaje no sólo al autor de mis días, sino a todos aquellos hombres del mundo que desempeñan con amor y dedicación la difícil tarea de ser padres.
Al pasar cerca del flamboyán ya engalanado de flores, rojo-fuego, ese mismo color que a mi papá tanto le gustaba, observé a una pareja: un hombre de mediana edad, digamos que poco agraciado, je, je, con una calvicie incipiente, no exactamente gordito, pero sin duda fuera de forma, que le explicaba muy serio, a una curvilínea joven, las ventajas de ejercitarse!!! Le decía así: "aspiras..., retienes la respiración..., y luego la sueltas". Pero, al subir los brazos para finalizar su explicación, el hombre hacía un amplio movimiento y la camisa se le levantaba, para mostrar, sin pudor, unos rollitos traicioneros. La chica lo miraba atenta y con una sonrisa divertida. Yo, por mi parte, escuché con la boca abierta y luego apreté el paso y me alejé, para no estallar de risa. Las paradojas de la vida! Y yo que pensaba que era ella la entrenadora!!!!
Hago este preámbulo, que parece no tener relación alguna con el tema de este artículo, sólo para destacar las contradicciones que nos suceden. Todos ustedes saben cuánto evoco a mi padre, cómo a menudo cito sus enseñanzas, para mí de un valor incalculable, y cómo en suma lo mantengo en mi memoria. Y sin embargo, qué difícil se me hace encontrar las palabras adecuadas para rendirle un homenaje. Las paradojas del amor, que dicen que vuelve elocuente al tímido y mudo al expresivo. O quizá, es que pienso que cuando de mi padre se trata siempre voy a quedarme corta para elogiarlo..., no porque crea que sea la única afortunada que ha tenido un papá bueno, sino por todo lo que le debo..., le debemos tanto sus hijos!!!
Mi papá fue mi héroe, pero un héroe de carne y hueso, divino y a la vez humano. El hombre que sin saber ni un solo truco de magia, nos creó un mundo de fantasía..., sólo con la fuerza de la fe y el poder del amor. "Cómo se quiere a los hijos...", exclamaba con frecuencia, con un suspiro..., y cómo no, junto con nuestra madre éramos su "talón de Aquiles", su grande debilidad.
Analítico, profundo, y de pocas palabras, optaba por guardar silencio y observar, por aquéllo de que "no dice más el que más habla, sino el que actúa". Enemigo de la melosería y la adulación, no prodigaba sus risas excepto cuando se trataba de celebrar las salidas inocentes de cualquier niño o de sus propios nietos (as). Entonces, se reía a carcajadas o sonreía con ternura.
Bohemio, de pensamiento libre, y algo caótico respecto a su dinero, afirmaba convencido que "la generosidad no consiste en desprenderse de lo que nos sobra, sino precisamente de lo que nos hace falta". Vivió de acuerdo a éste lema, y lo extraordinario, es que aunque le daba poca importancia a lo material, al final, siempre tuvo mucho más de lo que hubiera deseado.
La política fue una de sus grandes pasiones, y aunque no vacilaba en defender sus convicciones con energía asombrosa, tampoco dudaba en rectificar cuando se equivocaba. Como era de esperar, terminó decepcionado. Supe que su llama se extinguía, cuando unos meses antes de morir, no respondía siquiera a mis comentarios más mordaces. Lo "pellizcaba" en busca de una reacción, pero ya era inútil: el fuego se había apagado. No obstante, a menudo me repetía: "Hay que seguir dando la pelea para que aquéllo de lograr "un mundo mejor", no se quede en palabras huecas".

Mi padre sabía la fórmula precisa para borrar los temores más amenazadores y devolvernos la confianza y la paz, con unas simples palabras o una sonrisa. Era un gigante de alma: Amante de la libertad y el respeto por los demás, dueño de una paciencia y una capacidad infinita para escuchar, prudente en sus juicios y sincero en sus palabras.
El amor por los libros lo recibí de él. Y ese fue uno de sus muchos legados: Nos dio educación y nos enseñó a pensar, a entender la grandeza de la humildad, a comprender que el amor que no es generoso, no puede llamarse amor, y a valorar a cada persona por su corazón, por insignificante que pareciera. Todos y cada uno éramos importantes, porque hacíamos parte del engranaje. Su alegría más grande era el triunfo de las muchas personas que estimuló a prepararse o ayudó para conseguirles becas de estudios.
Su despedida fue una cálida retribución al derroche de amor y generosidad que fue su vida. No era un político famoso, ni un millonario, ni una estrella de Hollywood, tan solo un octogenario, un excelente esposo y miembro de familia, un buen amigo, y el mejor padre. Y esas fueron suficientes razones para que su adiós no dejara indiferente a nadie. El menor de sus nietos tenía sólo 6 años entonces. Tres años más tarde, un domingo cualquiera en que asistíamos a misa, a la hora de la comunión, el coro entonó la misma canción que se cantó en el funeral de mi papi. Ví con asombro cómo mi sobrinito lloraba, y con ansia le pregunté por la razón de su llanto. Me miró con aquellos ojazos llenos de bondad y ternura, tan parecidos a los del abuelo, y sin dudarlo me contestó: "Tía..., es que me estaba acordando del día más triste de mi vida!".
Amar, vivir para los demás, enseñar y predicar con el ejemplo, qué hermosa manera de hacerse inmortal, pensé mientras me limpiaba también yo, las lágrimas.
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Laurencia19 dijo
Hola, precioso artículo...texto e imágenes llenas de luz para destacar la figura de tu padre, creo que supiste muy bien elegir las palabras...
Un beso.
15 Junio 2007 | 02:46 AM