Vidas bien vividas

"Amistad, don del cielo, deleite de las grandes almas, amistad, cosa que aquéllos que se distinguen por su ingratitud, no tienen la dicha de conocer." Voltaire
Para que podais identificarme (ya era hora, luego de casi un año de "conocernos"), soy la señora de la blusa blanca con negro y el collar de perlas.
Llegamos a Cali de otras ciudades de Colombia y de distintas partes del mundo..., Suiza, España, Canadá, Estados Unidos, para asistir al reencuentro con la infancia. Fue una experiencia maravillosa, un atisbo al pasado, un volver por caminos y sitios que sinceramente, jamás pensé recorrer de nuevo. Nos "reconocimos", éramos niñas la última vez que nos vimos y somos señoras ahora, y con excepción de una, no había vuelto a ver a las demás desde nuestra graduación de bachillerato. Nos abrazamos, lloramos, reímos, bailamos y nos pusimos al día en nuestras historias. Sólo una de nosotras ha muerto. Algunas son orgullosas madres y abuelas, otras viudas, divorciadas o felizmente solteras o casadas; la mayoría profesionales exitosas, otras ya dichosamente retiradas, muchas envueltas en obras sociales, pero sobre todo, plenas de experiencia, de sabiduría y con el mismo espíritu de amor y de alegría de entonces.
Estudié hasta cuarto de bachillerato en Bogotá y me gradué de secundaria en Cali, con las monjas de la Presentación. Mi mamá detestaba el frío de Bogotá y durante unas vacaciones en Cali, rehusó regresar a la capital. Mi padre, que adoraba a mi madre la siguió, y ese fue el comienzo de nuestra pesadilla: La familia se fraccionó, mi hermana y yo quedamos atrás, separadas de nuestros padres y nuestro hermano menor. Eramos tan pequeñas, ni siquiera habíamos cumplido 10 y 12 años de edad. Pasamos tres años internas a cargo de las Teresianas, unas religiosas españolas, que habían comprado el colegio. No digo que durante esa etapa todo en nuestras vidas hubiera sido tristeza, pero sí fueron muchos más los suspiros y las lágrimas derramadas que las alegrías que, al menos yo, recuerdo. Sin embargo, la soledad compartida fortaleció nuestra relación de hermanas. Teníamos el anhelo de reunirnos con la familia, y no cejamos en nuestro empeño hasta que lo conseguimos. Eso implicó que termináramos el curso en Bogotá y empezáramos enseguida el siguiente en Cali, que ya llevaba tres meses andando. Sólo compartí con mis amigas de Cali, año y medio de mi vida, pero fue año y medio que bastó para hacerlas a todas y cada una de ellas, inolvidables.
Pasamos una semana en estrecha comunidad. Cuatro de nuestras compañeras dieron fiestas en sus casas para agasajarnos. Tuvimos también una ceremonia y misa en el colegio. Hubo cantos, música, risa y por supuesto, mucho llanto..., también se llora de felicidad.
Aquí vemos a Cristina y a Helena luciendo el uniforme de gala y el de diario que usábamos en el colegio. Ellas se tomaron el trabajo de mandar a hacer una réplica de los uniformes para que no faltara detalle en nuestra conmemoración.

María Victoria no resistió el calor ni la tentación de "refrescarse".
Luz Helena nos dio un show de tango. Baila, como si fuera una profesional. No sé si sabrán que en Colombia existe un verdadero culto al tango, especialmente en Medellín y en Cali. Una noche estuvimos en un sitio en donde lo bailan profesionales, y adonde conocimos a una pareja que se ganó en Buenos Aires el año pasado, el título de los mejores del mundo en ese género. No sé si realmente fue así, pero luego de verlos bailar, no tengo duda. Fue algo mágico. Hasta ahora lo más prodigioso que he visto, naturalmente junto con el show de Luz Helena, que también fue espectacular.
Lastimosamente no todo fue derroche de alegría...,y nuestra celebración se vio empañada por el asesinato de 12 diputados, secuestrados por la guerrilla. No podía faltar el episodio de horror. Cuando creemos que nuestro hermoso país ha sacado la cabeza de la porquería, alguien se encarga de devolvernos a la terrible realidad.
Y como no quiero terminar esta reseña con una nota de dolor, les participo algo un poco más alentador. Hemos iniciado una fundación, para alentar la callada labor que adelanta el colegio en la actualidad. Nuestra alma mater no tiene el brillo de antaño. Muchas de las familias optaron, poco tiempo después de nuestra graduación, por una educación bilingüe para sus hijos. El colegio perdió ayuda. Confiamos que este proyecto que hemos iniciado no se quede en el entusiasmo del reencuentro y trascienda las fronteras de nuestra sufrida y amada patria. Me siento muy orgullosa de pertenecer a un grupo de mujeres poseedoras de "vidas bien vividas", que han sabido conservar la fe y la esperanza en un futuro mejor y que siguen empeñadas, a pesar de los avatares del camino, en poner un granito de arena en favor del prójimo y de nuestro abatido, pero valeroso país.
Con todo mi amor para mis amigos de la Coctelera.
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tonycaravela dijo
Cuanto tiempo sin verte, que alegria, bienvenda de nuevo que si no me equivoco estabas por ahi no?, mañana cuando llegue a casa te leere con mas trankilidad, porque ahora estoy en casa de una amiga y no puedo, solo decirte que me alegro de volver a verte. besetes
16 Agosto 2007 | 10:32 PM