ESCRIBIR: DOLOR O ÉXTASIS? PUBLICAR, SÍ O NO?

"Un escritor es aquél a quien escribir se le hace más difícil que a los demás". Thomas Mann
Este post va dedicado a nuestro amigo "El tío Antonio" y a los demás contertulios que se aplican en el exigente arte de escribir.
La gente escribe por diferentes razones: Hay quienes escriben para sí, con el fin de preservar sus memorias, para eternizar a quienes aman en el tiempo; otros, por amor a la literatura, o porque derivan una gran satisfacción de su arte; algunos escriben para la fama, otros para el bolsillo; los de más allá como medio de catarsis o de denuncia, o para llevar luz o consuelo al lector. Inclusive existe el extraño caso del "escritor que no escribe", como leí hace poco, que es aquél que lleva toda su obra en la cabeza, pero no le da la gana de traducirla al papel. Pero con excepción de este último, a todo el que le gusta escribir lo hace con la idea de que lo lean, aunque sean sólo los de su casa, porque aparte del talento que se tenga para escribir, y del esfuerzo y la disciplina con que se trabaje, el que de verdad ama lo que hace, vuelca en ello el alma. Esa es la clave del buen escritor, por supuesto, además de no aburrir..., y es hasta cierto punto lógico que quiera hacer pública su obra y recibir algo de reconocimiento.
Es que escribir duele..., de ahí que haya tantos y tantos que se quedan en el camino. Duele, porque es una actividad que, además de lo ya enunciado, requiere confianza en sí mismo, fe en lo que se quiere lograr, tenacidad para perseverar no obstante las decepciones, y sobre todo paciencia y madurez para no apresurarnos a publicar. Claro, no quiero decir con esto que "calentemos" demasiado tiempo nuestras ideas, de forma que consigamos que pierdan fuerza en nuestra mente, o no tengamos ya interés en desarrollarlas, pero obsesionarnos con sacar a la luz un libro, no debería de ser nuestro solo objetivo. La satisfacción en cambio, es primordial, que nos guste lo que escribimos, que de verdad amemos y disfrutemos lo que hacemos, y es apenas obvio, que si además logramos llegar a mucha gente, es todavía mejor.
Cuentan que el genial Stendhal escribió su obra "La Cartuja de Parma" en sólo 53 días, y luego se pasó el resto de su vida arreglándola. Por supuesto, que nadie quiere llegar a esos extremos, pero es un buen ejemplo, de que es preferible ofrecer un producto bueno, a transarse por publicar un libro mediocre.
Casualmente, luego de leer el último post del tío Antonio, me topé con otro de Jaime Baily, un escritor peruano, a quien admiro, pero no precisamente como escritor. Me parece un hombre inteligente y simpático, no me pierdo ninguno de sus artículos en el periódico, y a veces veo algunos de sus programas en la televisión, plenos de chispa y de apuntes brillantes, y sin embargo, encuentro que sus libros no tienen mucho valor literario..., aunque por supuesto, el hombre vende, pero eso ya es otro tema distinto..., muy diferente del que les hablo.
Baily contaba en ese artículo, que tituló "Mientras ellas duermen", las vicisitudes por las que tuvo que atravesar para llegar a publicar. Nada diferente de las que han vivido otros autores: Por ejemplo, Santiago Gamboa, colombiano, que nos relata en su libro "El Síndrome de Ulises" experiencias similares, o Zafón en la "Sombra del Viento", o García Márquez durante la preparación de "Cien Años de Soledad".
Dice Baily: "De todas las vidas posibles que se abrían en mi imaginación, la del escritor en Madrid era la más fascinante y prometedora..., me tomó años reunir dinero y coraje, más dinero que coraje, para tomarme un año sabático en Madrid".
Naturalmente, todo esto suena muy glamoroso y admirable cuando se cuenta después, pero una cosa es contarlo cuando uno ha alcanzado el éxito y otra vivirlo. Pasar largos inviernos encerrado en un cuarto, alimentado precariamente, como hizo Baily en España, o Gamboa en Francia, y como han hecho cientos de autores reconocidos, mientras los recursos y la paciencia se agotan, y sin que aquella novela maravillosa que se lleva parte de tu vida y tus ilusiones, vea la luz, ciertamente no es nada fácil, pero sí es parte obligatoria del proceso en la mayoría de los casos. Sólo los que perseveran triunfan.
"Fracasamos cuando dejamos de intentarlo". Animo, mucho ánimo.
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mercuriox dijo
Creo que como todas las artes, no existe una regla general que se aplique a la escritura. Tenemos a Isaac Asimov para el que escribir era un placer y que terminó con más de 500 libros, de entre los cuales, unos 4 tenían que ver con su autobiografía o memorias porque siempre tenía algo nuevo que contar.
Sin embargo... muy cierto es lo de que a algunos las palabras se atoran en el tintero y se sufre para arrancarlas de allí. Merc.
19 Septiembre 2007 | 04:43 AM