EXITO: TENGO LA VIDA QUE QUIERO, Y QUIERO LA VIDA QUE TENGO
"La felicidad es un trayecto no un destino".
El parque cercano a mi casa, mi parque..., ese sitio de inspiración y de encuentros, adonde solía ir a caminar con mi padre, y adonde sigo yendo ahora para "conversar" con él. El domingo pasado tuve allí varias y gratas sorpresas. Pero antes de contarles de ellas, menciono para los que no sepan, que trabajo como corredora de bienes raíces. Es época de "vacas flacas" para nuestra industria y en general para todos. Sin embargo, hay que reconocer que hasta los tiempos difíciles tienen su lado bueno y nos ayudan a reflexionar.
Primero, me topé con una pareja de españoles, antiguos clientes míos, que vivían en mi mismo edificio. Se entretenían en enseñar a su niño de 4 años a montar en triciclo. Luego de quejarse de la recesión que comienza, él tiene un negocio de ropa y el padre de ella una cadena de tiendas de perfumería en Barcelona, ambos me comentaron con una sonrisa, que ahora compartían mucho más tiempo juntos, ambos viajaban menos y podían dedicarle más tiempo a la hija de él, una adolescente de 16 años, que vino de México a vivir con ellos, y, por supuesto, al niño.
Más adelante saludé a otro de mis clientes. Un periodista inglés, a quien le arriendo hace ya años una oficina. Despreocupado y alegre, sin rastros de su flema inglesa, entrenaba al bate a su hijo de 11 años y a un amiguito de éste.

Y la tercera sorpresa, mi "engominado" y siempre ocupado jefe argentino, el dueño de la compañía para la que trabajo, ágil y despeinado, se disputaba un balón con sus dos pequeños hijos.
Sí, hasta los tiempos difíciles tienen su lado bueno: Nos recuerdan lo que olvidamos con demasiada frecuencia, ocupados como vivimos, dedicados exclusivamente al negocio de hacer dinero. Conjugar el trabajo y la diversión no es tan simple como debería ser.
Es el cuento del pescador, que ilustra claramente la idea:
"Un millonario se topa en el muelle de un pequeño pueblito del Caribe, con un alegre pescador que venía en su bote y traía una buena carga de atunes.
Cuánto tiempo le tomó pescarlos? Le preguntó el millonario al pescador.
Unas tres horas, le contestó el pescador.
Y por qué no se quedó más tiempo y sacó más pescados?
Para qué, contestó el pescador, si aquí llevo suficiente para vender y el resto los llevo a casa para mi familia.
Y qué hace usted con su tiempo libre? le inquirió el millonario, intrigado. No tiene usted otras ambiciones?
Bueno, dijo el pescador, luego de pescar, descanso, juego con mis hijos, hago siesta con María, y de noche voy al pueblo y tomo vino y toco guitarra con mis amigos. Tengo una vida placentera y ocupada.
El millonario lo mira consternado, y le dice: Mire usted buen hombre, yo soy un MBA de Harvard, y podría ayudarlo. Debería gastar más tiempo en la pesca..., y con lo que gane comprarse un bote más grande y por supuesto, pescar más...
Y luego? pregunta el pescador.
Luego? Bueno, con las ganancias podría usted comprar varios botes, y llegar a tener una flota de pesqueros, y podría vender el pescado directamente a un procesador...
Y luego qué? preguntó el pescador, no muy convencido.
Luego? luego podría abrir su propia procesadora y controlar la producción y la distribución, e irse de este pueblito a la capital y manejar su emporio en expansión...
Y cuánto tiempo tarda todo eso? inquirió el pescador, ya más interesado.
15 o 20 años, respondió el millonario.
Y luego qué? insistió terco el pescador.
Hombre! dijo el millonario impaciente, te volverás rico como yo...
Y luego? dijo el pescador.
Te retiras! Te mudas a un pueblito tranquilo, y duermes hasta tarde, pescas un poco, juegas con tus hijos, haces la siesta con tu mujer y de noche vas hasta el pueblo, te reúnes con los amigos a tomar vino y a tocar guitarra con ellos!!!!
Cuántas vidas sacrificadas buscando una felicidad que ya tenemos pero no vemos. Cuántas veces por suspirar por lo que no tenemos, nos olvidamos de disfrutar de lo que tenemos.
"Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas".
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la-bruja-del-ojuelo dijo
Ejemplarizante. Verdadero e inmenso relato, un ejemplo claro de lo que está siendo la vida, del inmenso trabajo que nos buscamos para, si llega, disfrutar, si luego sabemos y podemos, de lo mismo que ya tenemos. Y es cierto, los egoismos nos hacen llorar, y total para dejar de ver aquello de lo que en el instante podríamos disfrutar.
La vida es mucho más sencilla, y quienes la complicamos somos nosotros, con nuestros egoismos, además de destruir gran parte de lo que da origen a ella, porque la vida sin vivir no es vida.
Un beso mi querida amiga.
6 Marzo 2008 | 12:17 PM