"EL SÍNDROME DE ULISES"
Qué difícil es a veces, mantener la imparcialidad, sobre temas, que por distintos factores se vuelven controversiales. La inmigración es uno de ellos. Hace poco, la dolorosa experiencia vivida por una buena amiga y su entrañable amigo y compañero de piso, a quien un inmigrante marroquí atacó a navajazo limpio para robarlo, me hizo recordar y repasar el libro escrito por Santiago Gamboa, un escritor colombiano, titulado "El Síndrome de Ulises".
La obra relata la vida de los inmigrantes en París, contemplada a través de los ojos de un estudiante de Filología de la Complutense de Madrid, que va a París a completar sus estudios, y lucha por convertirse en escritor, mientras refriega platos en los bajos de un restaurante oriental y evoca con su compañero de penurias a las mujeres que ha amado y sus experiencias sexuales.
Uno de los comentaristas define la trama con claridad:
"Este no es el luminoso París de turistas y estudiantes. Es la ciudad subterránea y gris de los emigrantes. Sus vidas alumbradas por la intensidad de sus desgracias, por el colorido recuerdo de valles y colinas que nunca acaban de dejar atrás. Son salvajemente jóvenes en todo, en su ansiedad ante el amor y la patria perdida, en la voracidad con que agotan las botellas de vino y vodka y la simplicidad y compasión con que se entregan al sexo."
Les transcribo algunas escenas del libro, para que se hagan una idea de lo que transpira en el relato.
"Por esa época la vida no me sonreía. Más bien me hacía muecas, como si algo le provocara risa nerviosa. Me encontraba en París, ciudad voluptuosa y llena de gente próspera, aunque ese no fuera mi caso. Lejos de serlo. Los que habíamos llegado por la puerta de atrás, sorteando las basuras, vivíamos mucho peor que los insectos y las ratas. No había nada, o casi nada, para nosotros, y por eso nos alimentábamos de absurdos deseos. Todas nuestras frases empezaban así: "Cuando sea...".
"En mis bolsillos había poco qué buscar, nada tintineaba, y por eso debí alquilar un cuarto, sin vista a la calle, en los altos de un edificio de la rue de Dulut, circunscripción de Neully-Sur-Seine. Pero ése no era mi único problema, pues Victoria, el gran amor de mi vida, había dejado de serlo, (yo el suyo, en realidad), y por eso mi estómago sufría permanentes contracciones. Esto unido a la poca y mala comida, carne con alverjas en lata a seis francos y esas cosas, generó una gastritis que acabó por despertar mi vieja úlcera. Mucho dolor físico que hacía olvidar el otro, el que podíamos llamar espiritual o del alma".
"Salir a la calle, qué aventura! A las seis de la mañana la bruma se levantaba del suelo y una llovizna empezaba a calar los huesos. El frío era tal que a la segunda esquina la mandíbula se atascaba y justo ahí empezaba lo más difícil, que era atravesar el Bois de Boulogne para ir hasta la piscina pública donde estaban las duchas...".
"Y además estaba el tema de Victoria. Había venido de visita desde Madrid, pero antes de llegar me advirtió por teléfono: "Están pasando cosas, allá hablamos". Luego dijo que leía a Anna Karenina, de Tolstoi, así que supuse que preparaba una confesión. Y en efecto, al llegar soltó la frase: "Hay otra persona".
Vemos aquí cómo en el libro se mezclan el desamor, o más bien, el amor aniquilado por la distancia, con la miseria, la nostalgia de lo que se ha quedado atrás, y el deseo ferviente de seguir adelante y triunfar a pesar de todas las circunstancias adversas. Se los recomiendo porque es un libro dramático, pero ameno y en él, quizás algunos encontrarán algunas notas con qué identificarse.
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ren dijo
Es cierto, Madeleine, a veces es muy difícil mantener la impacialidad sobre algunos temas, sobre todo cuando nos tocan de cerca y nuestras vivencias y el poso emocional que ellas nos han dejado nos hacen ciegos, o al menos miopes, a otros posibles enfoques.
El tema de la inmigración es muy controvertido, desde luego, porque la manera descontrolada en que se produce ese fenómeno empieza a convertirse en un problema, y no solo en mi país sino en buena parte de Europa, donde ya se comienzan a tomar medidas drásticas. Es cierto que necesitamos inmigrantes, no solo por el trabajo que realizan sino porque Europa se estanca demográficamente y hace falta sangre nueva. Pero la manera en que se está desarrollando este fenómeno, al menos en España, empieza a causar más problemas de los que soluciona. Y sin embargo, uno piensa en la situación desesperada que tienen en sus países de origen estas personas, las odiseas muchas veces terribles por las que pasan para buscar un futuro mejor para ellos y sus hijos, algo a lo que todos deberían tener derecho, para luego no encontrar en lo que creen la Tierra prometida más que miseria, como en los fragmentos que citas de esta novela, y...
Sí que es un tema difícil este, querida Made, y el libro cuya reseña nos traes hoy muy prometedor. Habrá que echarle un vistazo..
15 Mayo 2008 | 10:05 AM