Una marcha para ayudar a quienes sufren de autismo


Hola queridos amigos:
Quiero compartir con ustedes una historia muy personal. Me atrevo a contarla con la confianza que me brinda llevar casi tres años escribiendo en LC e intercambiando con algunos a diario y con otros a menudo toda clase de vivencias, de reflexiones, de sentimientos, de penas y de alegrías que normalmente sólo compartimos con los amigos cercanos o con las personas muy ligadas a nuestro entorno. Y aunque sé que constituímos un grupo muy variopinto por edades, culturas y países, profesiones, creencias, sentimientos, gustos, sueños, estilos de vida, formas de pensar y de ser, debo decir que sin contar los lazos que me unen ya a algunos de ustedes a quienes tuve la fortuna de conocer en persona y me engrandecen con su amistad, todos y cada uno de ustedes tienen un significado especial en mi vida. Y no interesa que tal vez nunca lleguemos a vernos, porque lo importante para mí es que siento que en este tiempo la mayoría de nosotros hemos hablado de corazón a corazón.
Suzie, mi hijastra tiene un solo hijo llamado Owen, que desafortunadamente sufre de autismo. Cuando Owen nació hace 4 años y medio, prácticamente nadie en la familia sabía nada sobre este padecimiento. Nuestras únicas referencias habían sido inicialmente una película que protagonizaron Tom Cruise y Dustin Hoffman, como el hermano autista de Tom, y más tarde el caso de un hijo de Dan Marino, el conocido quarterback de los Dolphins, el equipo de fútbol de Miami.
Mi marido, huérfano de padre a los tres años, se ha pasado la vida prácticamente "rodeado" de mujeres: Educado por su madre, sólo tuvo una hermana, cuatro hijas de su primer matrimonio, dos nietas de su hija mayor, una ex esposa, y hasta el presente una esposa (yo, claro). Con tales antecedentes, ya se podrán imaginar la inmensa ilusión de todos, y en especial la de él, con la perspectiva de su primer nieto varón.
Bueno, no voy a enredarme en disquisiciones inútiles sobre cosas inexplicables que nos suceden, pero les aseguro que muchas veces en el mismo dolor encontramos la fuerza que nos obliga a madurar, y nos ayuda a asumir con serenidad y sabiduría los golpes terribles que algunas veces nos da la vida. Nada sacamos, queridos amigos, con cruzarnos de brazos y lamentarnos ante los hechos irremediables que no podemos cambiar y sí mucho cuando nos "arremangamos" y trabajamos con esperanza y con ahinco en aquéllos que sí podemos modificar. Y ésta es una de las razones por las que también comparto con ustedes la historia, porque una vez superado el shock inicial que nos causó la noticia, algo que especialmente para los padres del niño fue muy duro de aceptar, toda la familia se unió para prestar su colaboración en la tarea de sacar al niño adelante: Primero, quiero dar testimonio de lo que el amor y la determinación pueden lograr..., y luego quiero expresar mi rendida admiración por la inquebrantable entereza, coraje y positivismo con que mi marido ha encarado la realidad. Un día a veces dos de cada semana, él maneja una hora de ida y otra de vuelta para llevar a su nieto a la terapia. Recientemente, lo veía preparándose para su rutina con la misma alegría y organización que si se tratara de su propio día de colegio. Qué quieren que les diga: se me llenaron los ojos de lágrimas.
El domingo pasado fuimos juntos a una marcha en la playa de Crandon Park en Key Biscayne que recolectó fondos para los niños autistas. Había por lo menos mil personas reunidas, y los voluntarios en su mayoría eran jóvenes y niños. Para nosotros fue una conmovedora muestra de amor y de inmensa solidaridad.
Siempre, siempre, como me repetía a menudo mi padre, hasta en las circunstancias más duras encontramos alegría y tenemos mucho, mucho, que agradecer. Y Suzie misma se lo confirmó a una de sus hermanas en una ocasión cuando le confió: Cualquier sacrificio es insignificante, comparado con la dicha inmensa de tenerlo a él en nuestras vidas.
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jotatrujillo dijo
Como bien dice Suzie, una sola sonrisa de ese niño, paga todos los posibles sacrificios.
La forma de atender a Owen por parte de tu marido, no tiene nada de particular, hace simplemente lo que siempre hace un abuelo con sus nietos.
Y tú, también abuela, haces bien en enseñarnos esta lección de convivencia, amor y sacrificio que viene a demostrar que, sean las que sean las latitudes, el amor siempre vence ante las adversidades.
Un abrazo para Owen y mis respetos a toda tu familia.
26 Febrero 2009 | 11:41