De coincidencias y de "profecías" autocumplidas: Un cuento de García Márquez para tiempos de crisis

"Por qué repetir los errores antiguos, habiendo tantos nuevos qué cometer?" Bertrand Russell.
A veces nos suceden cosas asombrosas por lo improbables, como cuando inmediatamente después de una plegaria desesperada recibimos una respuesta inequívoca, que obra como un bálsamo en nuestro espíritu y transforma nuestro rictus de dolor en una sonrisa, o como cuando una promesa que alguien no alcanzó a cumplirnos en vida, nos es honrada más allá de la muerte. Son cosas que vienen trajeadas de un lenguaje muy natural, pero cubiertas de una pátina sutil y casi mágica, que nos hace reconocerlas como pequeños, pero indudables milagros.
Hay otros hechos ya no dramáticos, pero igualmente coincidenciales y hasta graciosos; que podríamos llamar como los denomina un amigo: "casualidades poéticas", término del que me he apropiado, porque pienso que los define cabalmente.
Hace muchos años en mi "otra" vida como universitaria, durante unas vacaciones de Navidad en Cali, cenaba con un amigo en el apartamento de sus padres. Esa noche mientras escuchábamos música y hablábamos de lo humano y lo divino, la charla me trajo a la memoria una canción que recordaba con especial emoción: "Hey, if you happen to see the most beautiful girl in the world..." El se quedó mirándome y me anunció con una sonrisa de picardía que ya sabía lo que me regalaría en esa Navidad. Media hora después de su comentario, el timbre de la puerta sonó y resultó ser una de sus hermanas casadas, que venía a traerle un presente. Cuando él retiró la envoltura nos quedamos mudos por la sorpresa: La primera canción del disco, era la mismísima que hacía apenas un momento yo le había tarareado. Bueno, claro que no me cedió su regalo, no hubiera sido correcto, pero nos deleitamos con la melodía por un buen rato, bajo el embrujo maravilloso de la coincidencia.
Hace algún tiempo trataba de recordar un cuento inédito de García Márquez, que me habían contado, y que para mí se refería al poder de la sugestión en los demás. Bueno, ayer, por pura casualidad, me lo envió una amiga a propósito de estos tiempos de crisis que atravesamos. Coincido con ella en que pudiera aplicarse a la situación actual por aquéllo que llaman el "efecto Pigmalión", aunque no del todo ya que la crisis actual desafortunadamente se basa en hechos concretos y no en rumores. Se los transcribo para que ustedes me den su invaluable opinión:
"Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora mayor que tiene un hijo de 19 años y le está sirviendo el desayuno con aire de preocupación. El hijo le pregunta qué le pasa y ella responde: "No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo". El hijo que jugaba billar todos los lunes y hasta el momento nunca había perdido una apuesta, se va preocupado y pierde una carambola sencillísima. El otro jugador tan asombrado como los demás presentes, le pregunta qué le pasó si era una jugada tan fácil. El contesta: "Es cierto, pero me he quedado preocupado por una cosa que me ha dicho mi madre esta mañana sobre algo grave que le va a suceder a este pueblo". El chico se marcha, y los demás comentan que si Dámaso ha perdido por primera vez una partida, pudiera ser cierto, en efecto, que algo malo sucediese en el pueblo. La noticia empieza a regarse, y una señora observa, que no hay que burlarse de los presentimientos de las madres porque a veces resultan. Otro señor que la escucha y va a comprar carne, le dice al carnicero: Venía por un kilo de carne, pero mejor deme dos, porque andan diciendo que algo grave va a sucederle a este pueblo y lo mejor es estar preparado. El carnicero despacha el pedido y cuando entra otra clienta le sugiere: Mejor lleve dos kilos, porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar y se están preparando y comprando comida. Entonces la señora responde: Tengo varios hijos, mejor deme cinco kilos. Y en media hora se agota la carne y el carnicero mata otra vaca, y se sigue esparciendo el rumor.
Llega un momento en que todo el mundo en el pueblo espera que pase algo y se paralizan todas las actividades. Y la tensión crece y crece y todos están desesperados por irse, pero no tienen el valor para hacerlo. Hasta cuando uno levanta la voz y grita: "Pues yo sí me voy". Y agarra sus muebles, sus hijos, sus animales y los mete en una carreta y atraviesa la calle central en donde todo el mundo lo ve. Y los demás exclaman: "Si éste se atreve, nosotros también...", y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Y uno de los últimos que abandona el pueblo dice: Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa, y entonces la incendia y otros incendian también sus casas. Y todos huyen como en un éxodo de guerra y pánico y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, y le dice a su hijo que marcha a su lado: "Viste, mijo, que era cierto lo que te decía esta mañana? Que algo muy grave iba a suceder en este pueblo? ".
BIENVENIDOS VUESTROS COMENTARIOS










locaporlaluna dijo
El cuento de García Márquez nos muestra, exageradamente lo que sucede de continuo en nuestras vidas, aún solos. Hoy por hoy la física cuántica nos explica que los primeros en sugestionarnos - para bien o para mal - somos nosotros, porque cada célula de nuestro cuerpo recibe información que nuestra mente crea y ella la trasmite a sus hijas. Así que, si en nuestro propio cuerpo y a solas ocurre este fenómeno, no es de extrañarse que también seamos vulnerables a los decretos mentales de los demás...de nosotros depende!
Un beso Made, gracias por compartir tus anéctodas con nosotros
17 Marzo 2009 | 01:21 AM