De Chocolate y Canela y "paternidad responsable"

Irmita me llamó esta mañana. Ella es otra de mis entrañables amigas desde la infancia. Me dijo que su hija espera mellizos y quería hacerme partícipe de su gran felicidad. Estoy encantada con la noticia. Como ya dije nos conocemos desde la primaria, del colegio de Bogotá, y a través de los años y la distancia hemos sabido conservar nuestra maravillosa amistad.
Cuando agotamos los temas importantes, hablamos también de cosas banales. Me contó que habían pasado unos días en Subachoque. Este es un municipio a una hora de Bogotá en donde hace unos pocos años, en medio de las montañas y de paisajes idílicos construyeron una casa preciosa, en donde planean algún día retirarse. Como inicialmente no tenían muchos vecinos, adquirieron un cachorro de labrador para que además de cuidar, les sirviera de compañía.
Chocolate, que responde al diminutivo de "Choco" es ahora un magnífico ejemplar, conocido ampliamente en el vecindario más como un "don Juan" que como perro guardián. Sus excursiones e "incursiones" en las propiedades aledañas se volvieron un dolor de cabeza para mi amiga y algunos de los vecinos. A menudo se veía a Choco que con profusión de lengüetazos y batir de cola, les "recitaba" poesías almibaradas a las perritas vecinas..., claro, como buen sabueso colombiano, emprendía sus aventuras en la época de "calor" de las agraciadas. Hasta que un día sucedió lo que "tenía que suceder", y Choco se enamoró, mejor dicho, se deschavetó por Canela, la perra de unos vecinos. Y para añadirle insulto a la injuria, una mañana se presentó con ella en evidente y avanzado estado de gestación y sin más ceremonias se instalaron los dos en la casa de mi atónita amiga.
Irmita y su marido ensayaron por todos los medios desalojar a Canela, pero la perrita rehusó y Choco no lo permitió. No hubo más remedio que apersonarse en la casa de los dueños de Canela y explicar la embarazosa situación: "No, no pretendemos quedarnos con su perrita, pero es que ella no quiere moverse de nuestra casa". El dueño de Canela lo comprendió y les entregó una bolsa de la comida con que hasta entonces la alimentaban. Pero para colmo de males Canela tampoco quiso aceptarla. Ya se había acostumbrado a la comida de Choco, que era de mejor calidad.
Bueno, y llegó el día del alumbramiento, y mis amigos tuvieron que llamar a una veterinaria para que asistiera a Canela en el difícil parto, que requirió de cesárea. Cinco perritos se sumaron a la familia de Choco y Canela. Irmita sólo planea guardar a dos, y para apaciguar a su marido que está bastante molesto con el episodio, le pidió a la doctora que le ligara las trompas a Canela.
Ahora, Irmita, espera con paciencia la debida colaboración del dueño de la perra, ésto es, el reembolso de la cesárea; el traslado de la perrita y su aislamiento en su antiguo hogar hasta que se acostumbre de nuevo a él y a su comida. Confía que la esterilización de Canela no vaya a dar origen a una protesta por parte de los vecinos, y además espera que Choco se habitúe a vivir sin su consorte. Así, ella podrá recobrar también la armonía con su marido y la paz en su hogar. Aghh! Choco, qué vida de perros!
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jotatrujillo dijo
“Amor por la vía rápida" le llamo a esa figura. Cuidado con las esterilizaciones y demás componendas, no sea que llague a oídos de las autoridades eclesiásticas y tengáis nuevos problemas.
Saludos.
14 Abril 2009 | 12:40 PM