Emulando a "Bésame Judas"

La siguiente es mi versión de un capítulo de la novela negra de Will Christopher Baer "Bésame Judas", que el sábado en el taller de Literatura la directora leyó y nos pidió que contáramos con nuestras propias palabras para determinar nuestro estilo. Esto fue lo que escribí y voy a agradecerles muchísimo la crítica que me hagan:
Acababa de salir del hospital siquiátrico y se sentía lo mismo que un desecho, como alguien que prácticamente ya no pertenecía a este mundo. Había trabajado como policía, y el permanente contacto con las miserias humanas lo había endurecido tanto, que pensaba que en lugar de corazón tenía en el pecho una masa informe cubierta de espesa costra.
Llevaba suficiente dinero en el bolsillo, tanto como para poder pagarse un hotel de lujo si hubiera querido, pero su desaliñado traje lucía tan lamentable como su aspecto físico, y prefirió por éso registrarse más bien en un hotelucho de mala muerte. Lo atrajo además el bar, que funcionaba en el primer piso, animado por un show de hawaiianas, que se movían sensuales en la penumbra al compás de una música suave..., maravillosa. Hacía tanto tiempo que no recreaba la vista con el cuerpo bien formado y semidesnudo de una mujer, que el espectáculo de las hawaiianas le alborotó los deseos. Mmmm..., después de todo, no soy todavía un cadáver, pensó aliviado por la sorpresa y sonrió internamente.
Caminó con lentitud a la barra y le ordenó un vodka con hielo y limón al camarero que tenía cara de marinero de muelle y ceño fruncido. El hombre lo miró y le preguntó si lo deseaba con mucho limón. Me da lo mismo, contestó él..., con tal de que me lo sirva bien cargado. Fue entonces, cuando vio a la mujer que lo observaba fijamente..., sí, definitivamente con mucha curiosidad. Vestía un traje rojo ceñido al cuerpo, de falda muy corta y escote pronunciado. Tenía el pelo muy negro y los labios y las uñas pintados de un rojo oscuro, a tono con el vestido. Pensó que era una mujer preciosa, sin duda, una prostituta a juzgar por sus ademanes decididos y la forma descarada de mirarlo. Ella se dio cuenta que él la había notado y sin más preámbulos se le acercó y sonrió abiertamente, al hacerlo mostró una hilera de dientes parejos y blancos, como relucientes perlas.
Eres de por aquí? Soy asidua de este hotel y nunca antes te había visto... No, dijo él, soy forastero, y acabo de salir de un hospital siquiátrico. Lo dijo así, con la voz firme, sin saber ni por qué, quizá para intimidarla a pesar de que deseaba con todas sus fuerzas tocarla. La mujer no se amilanó. Sin retroceder ni una pulgada y sin siquiera pestañear, susurró: Qué interesante, no pareces un loco..., luces más bien como un policía. Me invitas a un trago? - Claro, que sí, dijo él. - Qué estás tomando?, preguntó ella. - Ordené un vodka con hielo y limón. - Pues, yo también quisiera lo mismo, repuso ella dirigiéndose al barman, que escuchaba atento la conversación, pero haciéndose el distraído.
Bebieron con lentitud un trago tras otro y a medida que el licor hizo su efecto, la actitud de él fue menos tensa. Se aflojó la corbata, y poco a poco se sintió que flotaba entre algodones. La invitó a bailar para disipar el mareo, y allí en la pista constató incrédulo que las ondulantes bailarinas del escenario no eran reales sino simples muñecas de cartón. Confuso, pensó que todo era un sueño e instintivamente se pegó más a la mujer con el temor de que ella tampoco fuera de carne y hueso, pero el contacto con sus muslos fuertes y su sexo anhelante le confirmaron sin duda, que ella era real, tan real como él y que no estaba soñando. Muy pronto los movimientos atrevidos e insistentes de su cuerpo emularon a los de ella. - Subimos? preguntó jadeante..., estoy en la 411. - Te va a costar por lo menos $200 dólares, respondió ella, alzando una ceja. - El dinero no es problema..., puedo darte más que éso, repuso él, mientras rebuscaba una y otra vez en su bolsillo la llave de la habitación, que no lograba localizar. Ella rió, alzó la mano y se la mostró triunfante.
Ya en el cuarto buscó sus labios hambriento, pero ella lo empujó suavemente. - No, no, no, págame primero, le dijo. El sacó de uno de sus bolsillos un rollo de billetes, y se los alargó, apurado. Ella los tomó y los puso sobre la mesa de noche. Colocó sobre la cama el extraño y pesado bolso que llevaba, que parecía más un maletín que una cartera de mujer. Luego lo abrazó y al levantarle la camisa, el revólver que él portaba quedó al descubierto. Ella suspiró y con voz melosa le dijo: - No creo que lo necesites..., y con delicadeza retiró el arma y la colocó junto al maletín. Rechazó también el condón que él comedidamente le ofreció. Déjalo, quiero sentirte. - No tienes miedo de follar con un desconocido sin protegerte? preguntó él asombrado. - Miedo? ninguno, y lo besó con tanta pasión, que él sintió que el mundo se oscurecía y que caía lenta muy lentamente en un profundo vacío.
Cuando se despertó sintió de nuevo que flotaba, ya no entre algodones sino más bien entre diminutas partículas metálicas, hielo y una sustancia viscosa que parecía sangre, pero no era sangre. Qué era, entonces? por el color y el olor le pareció que sería formol..., ahora, sí estaba seguro que había muerto. Como quien ha vivido la más tenebrosa de las pesadillas, recordó ser transportado en las garras poderosas de un águila en un vuelo eterno y vertiginoso por encima de riscos y precipicios hasta ser abandonado completamente desnudo en un paraje helado y solitario. La prueba de que no se equivocaba era que la cabeza le estallaba y tenía el cuerpo adolorido, las piernas entumecidas y las uñas de las manos y los pies moradas. Se palpó el cuerpo para buscar una herida, pero sólo encontró una costura áspera a la altura del riñón agarrada con grapas. Fue así de golpe, como fulminado por un rayo, que comprendió todo: No estaba muerto, flotaba dentro de la bañera de la habitación 411, entre hielo, formol y grapas. Horrorizado giró la cabeza y vio la nota al pie del teléfono que había en el baño: "Si deseas seguir con vida, llama enseguida al 911". Antes de desmayarse de nuevo, logró descolgar el auricular y entre frases incoherentes y desesperadas solicitó una ambulancia.
No supo cuánto tiempo transcurrió y si recuperó la conciencia, pero como si caminara a través de una neblina plomiza y espesa, le pareció escuchar el ulular de sirenas, el ruido de las aspas de los helicópteros y las voces atropelladas que daban órdenes. Sintió luego que lo depositaban en una camilla y oyó de nuevo la voz melosa de ella que le aseguraba cruel aunque reconfortante: Eres un hombre de suerte, no es tu corazón lo que me interesa..., y con un solo riñón puedes perfectamente vivir.
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fenicia dijo
¡Terrorifico ¡...y sonrio porque ayer mismo hablaba con mis hijos y les pedia cuidado(ellos se burlaron de mis miedos)porque como el mundo está como está ya no solo se tiene témor de ladrones,violadores etc sino tambien de esos que van a por tus organos,que se dan y han dado casos,porque millonarios desesperados buscan un riñón,un corazón,un higado y hay un comercio de eso,montado por desaprensivos.No es el primer caso de alguien haber sido raptado y aparecer sin un riñón,que ciertamente te permite seguir viviendo,pero era de su dueño,tuyo.
Menos mal que esto es un cuento y que bien escrito,que buena pluma e imaginación tienes chiquilla
1 Junio 2009 | 11:17 AM