BOCAZA Y BURUNDI, DOS EX-CANÍBALES REFORMADOS

"Ríe un poco cada día, es mucho mejor que la sopa de pollo..., al menos eso es lo que los pollos dicen".
Queridos amigos (as):
Este es otro de los cuentos que elaboré para el Taller literario, con el cual estoy muy entusiasmada. Increíblemente, está basado en una historia real, de la que nos enteramos cuando estuvimos a mediados de los años ochenta en Lagos, Nigeria. Claro, todo lo que rodea la esencia de la historia, es ficción, fue lo que inventé. De antemano agradezco vuestros comentarios, que como siempre son muy apreciados e importantes para lo que trato de hacer ahora..., en los ratos de que dispongo.
BOCAZA Y BURUNDI DOS CANÍBALES REFORMADOS
Hugo Bocaza y Evo Burundi eran dos africanos, que pertenecían a una de las tribus de un área de Nigeria, en donde todavía en pleno siglo XX practicaban el canibalismo. Los habitantes de esa región guerreaban entre ellos, y quienes salían victoriosos de la batalla hacían arroz con mondongo de los derrotados. Tenían dos razones para incluir a sus víctimas en el menú diario: una, era la venganza y la otra, era mucho más simple: les gustaba la carne humana. Mejor dicho, la disfrutaban tanto como comer carne de res o pescado.
Un buen día, luego de una de sus típicas refriegas, Bocaza y Burundi fueron hallados y rescatados casi agonizantes por un grupo que encabezaba un misionero español, llamado Francisco y trasladados a un campamento en donde un médico nigeriano, el doctor Nombella Benson, los atendió, les curó las heridas, y les salvó la vida. De más está decir, que no obstante ser un par de salvajes, el agradecimiento de ambos hacia el sacerdote y hacia el doctor Benson, y sobre todo, su admiración por éste, fueron instantáneas.
Una vez recuperados Bocaza y Burundi fueron llevados a Lagos, la capital. Allí, el padre Francisco se hizo cargo de ellos, y poco a poco los instruyó sobre la inconveniente costumbre de comerse a sus semejantes, y peor, motivados por la venganza, que era un sentimiento tan feo. Les habló pues del perdón y de Jesucristo, el mismo Dios hecho Hombre, que precisamente había muerto en una cruz para lavar los pecados de toda la Humanidad, sin excepción, y era obvio que ellos y sus repugnantes hábitos también habían sido incluidos en esa redención. El padre Francisco les dijo además que cada vez que un sacerdote celebraba la Santa Misa, o sea, la ceremonia que conmemoraba el sacrificio de Cristo, en el momento de la consagración de la hostia se operaba de nuevo el milagro de la transformación del pan en el cuerpo de Cristo y el vino en su sangre, de tal manera que al comulgar los creyentes católicos quedaban imbuidos del espíritu de Dios. Bocaza y Burundi escucharon al misionero con tanta atención, que todavía tenían la boca y los ojos abiertos cuando el cura terminó la explicación. Entonces, emocionados y llorosos, prometieron alejar de su corazón la venganza, y le manifestaron al misionero su arrepentimiento sincero y su deseo ferviente de bautizarse y hacerse para siempre cristianos, a lo que el cura accedió inmediatamente complacido, y nombró Hugo al uno y al otro Evo.
Bocaza y Burundi desempeñaban toda clase de trabajos en un hospital de Lagos, en donde el doctor Benson era director. Los ex caníbales reformados, ahora cristianos católicos, lo atendían con devoción y su admiración por él aumentaba, casi al punto de adoración, a medida que conocían más la labor que el médico adelantaba. Inclusive se ofrecían a hacerle trabajos fuera del hospital, como pintarle la casa, reparar los baños, lavarle el auto, labores por las que por supuesto, el galeno les pagaba. La relación fue creciendo casi a nivel de amistad, al punto que el mismo médico no los veía como empleados sino en realidad como amigos.
En una ocasión Bocaza y Burundi invitaron al doctor Benson a almorzar. Ese día ellos fueron, como era de esperarse, los más esmerados anfitriones, y el doctor Benson luego de un exquisito cocktail que lo narcotizó, fue el apetitoso menú de los dos!!!
En el juicio que les siguieron por el asesinato de quien además de salvarles la vida, había sido su médico, y en cierta medida su amigo, ambos, indignados por la acusación, afirmaron rotundamente que ni eran caníbales ni asesinos. A ellos, para empezar, ya no les gustaba la carne humana y condenaban la venganza. Ellos habían llevado a cabo simplemente un “acto de amor”, eran sólo buenos cristianos católicos, y por lo tanto antropófagos, que era algo muy distinto de ser caníbales. Y con lujo de detalles le explicaron al asombrado juez y a la atónita concurrencia, la diferencia entre ambos conceptos, con la misma teoría que el padre Francisco les había enseñado antes de bautizarlos. De la misma manera que al comulgar ingerían el cuerpo y la sangre de Cristo Salvador en la hostia, y recibían su espíritu divino, también al comerse al doctor Benson, adquirirían su inteligencia, su capacidad de oratoria, su bondad, su espíritu de entrega, con la ventaja de que ahora todas esas cualidades del médico se duplicarían en ellos, y él viviría en adelante en los dos y sería para siempre su admirado doctor y amigo.
Nota: Como les decía al comienzo de este post, cuando estuvimos en Lagos, Nigeria, habían llevado a juicio a dos nigerianos, que mataron a un amigo, a quien admiraban muchísimo y se lo comieron, convencidos de que al hacerlo adquirirían sus habilidades (antropofagia). Supuestamente, los dos hombres creían y alegaban que el canibalismo era distinto a la antropofagia.
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estrellaval dijo
¡Si es que se veía venir! Muy bueno, Madeleine. Aunque sea previsible no deja de ser una buena historia. Y estupendamente bien escrita.
Muchas gracias por compartirla!!
21 Septiembre 2009 | 11:17 AM