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Terra
La Coctelera

Literatura y Poesía

Quién no espera vencer, ya está vencido.

1 Noviembre 2009

ALUMBRAMIENTO

 

"En algún momento fui una semilla, que la lluvia regó con sus lágrimas y el sol acarició para que despertara a la vida.  Germiné en las entrañas de una Ceiba, de tronco muy joven.  Asomé como una hojita tímida, y cada mañana  bebí el rocío que el sol me dejaba, y muy pronto me convertí en flor, y de flor me transformé en fruto, y crecí y crecí hasta avasallar al árbol que incapaz de soportar mi peso, dejó que el viento estremeciera sus ramas para liberarse por fin de su pesada carga."   Madeleine

 ALUMBRAMIENTO

Soy el doctor Garcés y he sido el obstetra durante la mayor parte del embarazo de la joven a punto de dar a luz por primera vez.  Llegué a la casa alrededor de las 4 de la madrugada para responder a la llamada de alarma, y casi me tropecé a boca de jarro con el doctor Díaz. Habíamos acordado que él sería mi sustituto en caso de que el alumbramiento se acelerara y yo no pudiera estar presente.  Me sorprendió su presencia y pensé que había habido una mala comunicación.  Más tarde supe que Díaz y yo no habíamos sido convocados al mismo tiempo por error.  La futura madre llevaba ya varios días en intensa labor, y aunque el parto parecía inminente, su sufrimiento se prolongaba sin resultado.  Esa madrugada  los dolores se hicieron tan insoportables y sus lamentos tan lastimosos, que la madre de ella se desesperó.  Su hija lucía como un animalito apaleado y sin embargo su yerno se negaba a "importunar" al doctor, se había dicho  disgustada.  Por fin, el dolor se hizo tan incontrolable que el marido también asustado resolvió llamarme. Ignoraba que para entonces su suegra le había dado aviso al doctor Díaz.  "Esto ya es una tortura. Y no es a mi yerno ni es a los médicos a quienes les duele" había dictaminado, doña María.      

El ambiente en la casa era de agitación a pesar de la hora.  Una cálida brisa soplaba a través de las ventanas abiertas.  La familia entera se hallaba de pie, listos todos a dar la batalla junto con la madre en ciernes.  El marido me recibió sonriente y en apariencia tan sereno como acostumbraba. Sin embargo, percibí una nota de profundo alivio en su saludo agradecido, que delataba a las claras su nerviosismo.  La suegra con expresión preocupada y evidentes muestras de cansancio en el rostro se movía afanosa de la habitación a la cocina para calmar a la hija e impartir órdenes a las dos niñeras, que diligentes hervían agua y doblaban una pila de toallas blancas, inmaculadas.  Una niñita como de 6 años, hija de la hermana mayor de la parturienta, observaba el trajín de los adultos con expresión confusa y somnolienta.  Bostezaba de cuando en cuando y se chupaba el pulgar, aferrada a su muñeca y a las enaguas de la abuela o de alguna de las nanas cuando éstas pasaban por su lado. Todas la zafaban con suavidad.  "Qué haces levantada a estas horas, niña..., estás que te caes de sueño, vete a dormir, no ves que estamos ocupadas?", le dijo una de ellas impaciente.  Pero la nena, que obstinada, luchaba por mantener los ojos abiertos, se encogió apenas de hombros e ignoró la orden.  Era obvio que no deseaba perderse pie ni pisada de cualquier cosa que ocurriera.

Entramos a la habitación principal escoltados por el marido.  La joven esposa se hallaba rendida en la cama con la cabeza reclinada sobre las mullidas almohadas de fundas blancas. Su madre, solícita, le limpiaba el sudor que le empapaba la frente.  - Ya están aquí los médicos..., ves? tienes dos a falta de uno, le observó con tono satisfecho y tranquilizador mientras hacía ademán de incorporarse, y miraba a su yerno con ojos de reproche.  La joven nos sonrió débilmente, parecía una niña asustada metida en un terrible aprieto.  Yo la tomé de las manos y le dije con voz segura, que infundía confianza: -Tranquila, todo irá bien.  Doña María tiene razón..., ya estamos aquí para ayudarte.  El marido tomó el lugar que su suegra había dejado, y acarició a su mujer con ternura. 

Terminábamos de prepararnos cuando unos golpes urgentes en la puerta del pasillo que conducía al baño, y la voz angustiada de doña María anunció que su hija ya había roto la fuente.  Entonces la agitación alcanzó tal punto de descontrol que las escenas se sucedían como una comedia o un cuento de tiras cómicas.  Todas, la suegra, las nanas y la sobrina revoloteaban por la habitación como mariposas alocadas alrededor de la parturienta que lloraba desconsolada.  Sentí que había llegado el momento de hacerme cargo de la situación y con amabilidad pero con firmeza saqué a Doña María de la alcoba, y con ella en racimo a la nieta colgada a su falda y a las confundidas nanas.  Sólo permaneció el marido que a no ser por su palidez, trajeado como estaba ahora con las mismas ropas que usábamos nosotros para atender el parto, inclusive yo hubiera apostado que se trataba de un tercer médico.

El alumbramiento fue breve y sin dificultad, y en esos momentos la joven madre pareció transformarse.  Todo su temor, sus lágrimas y sus quejidos se desvanecieron como por ensalmo.  Dio tres o cuatro pujos intensos y el llanto de su hija recién nacida tan persistente como el suyo antes, inundó la estancia y nos taladró los oídos.  La madre era ahora una rosa pálida y desmayada sobre una sábana de nieve manchada de carmesí.  Con rapidez y eficacia cortamos el cordón umbilical y lavamos y envolvimos a la recién nacida, que sólo dejó de llorar cuando la depositamos en los brazos de su feliz y recién estrenado padre, que conmovido la contempló por unos instantes y luego tembloroso la puso en el seno de su mujer.  Es un niño? Preguntó ella aún con los ojos entrecerrados.  No, dijo él con la voz queda y la respiración entrecortada, es una niña.  Ella permaneció inmóvil y guardó silencio por un breve espacio de tiempo.  La tensión del padre aumentó,  y a mí se me antojó que hasta la bebita parecía expectante. Entonces, luego de unos segundos que parecieron eternos, la madre abrió los ojos y la tomó.  Un río de lágrimas afloró en sus ojos al contacto con la bebita.  Una niña, repitió con asombro y la dí a luz yo solita! exclamó ahora regocijada.  Los tres hombres nos miramos, como para digerir la observación y soltamos al unísono una carcajada.  Entonces el doctor Díaz abrió intempestivamente la puerta de la habitación, y la suegra, las nanas, la sobrinita y su muñeca, todas se derrumbaron hacia dentro como fichas de dominó.          

 Nota:  Es un cuento que nos pidieron para el taller de Literatura y que por tener para mí un significado especial le dedico a todas las madres primerizas, a las que ya son y a aquellas que pronto tendrán la dicha de serlo.

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25 comentarios · Escribe aquí tu comentario

jotatrujillo

jotatrujillo dijo

Tus dotes de observación y tus recuerdos, han debido ser determinantes para la concreción de esta historia.
Brillante, como siempre.
Un abrazo.

2 Noviembre 2009 | 06:02 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

La verdad, Jotica, mi madre no me había dado muchos detalles del día en que nací. Esas preguntas se las hice ahora para escribir el artículo que nos pidieron para el taller. Sólo sabía que ella era muy joven y que ambos esperaban un varón. Pero que mi padre estaba dichoso cuando les llegó una niña, y estaba un poco vacilante sobre lo que diría mi mamá. Pero parece que como quiera que sea un hijo (a) y sobre todo el/la primero (a), es muy importante, sea hembra o varón.

Graaaacias por el estímulo, querido amigo. Un abrazo.

2 Noviembre 2009 | 09:06 PM

argivo

argivo dijo

BUen alumbramiento: el tuyo cimo gestora del cuento, y el de la historia, que está bien contada, desde el encanto que tienen las crónicas. Un beso siemprevivo. Argivo

3 Noviembre 2009 | 08:03 AM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Gracias, querido Argivo. Este cuento como les he comentado ha tenido un significado muy especial para mí, aunque haya correspondido sólo a una tarea que nos pusieron en el taller.

Me gusta ese beso que me envías, como las matas de "siemprevivas" de mi niñez. Te envío un ramillete de ellas. Besos.

3 Noviembre 2009 | 04:41 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Madeleine, has construido un relato precioso de tu nacimiento. No es fácil describir escenas con tanta gente, amigos, familia, curiosos, todos queriendo ayudar.

Ha sido también muy lograda la imagen del arbol como icono paterno.

Felicidades.

3 Noviembre 2009 | 05:06 PM

Mariam

Mariam dijo

Desde luego, no se puede negar que el alumbramiento fue movidito... Están muy bien reflejados el ambiente presuroso y agitado que se respiraba en la casa (ay, esos partos en la cama de una, no en la fría sala de un hospital...), los nervios de la enérgica y rezongona madre de la parturienta, la serenidad no exenta de preocupación y solicitud del marido... Especial ternura me han producido la niñita que mariposeaba alrededor de todos muerta de sueño pero dispuesta a no perderse nada y la joven madre, la transformación sufrida cuando al fin tiene entre sus brazos a su hija. Hasta yo, mientras leía, creo que mantenía la respiración contenida esperando la reacción al saber que era hembra y no varón lo que había alumbrado... :-)

He disfrutado la narración, querida Madeleine, y, como el peletero, te felicito por ella y por esa imagen tan hermosa del fruto desprendiéndose del árbol.

Besos.

3 Noviembre 2009 | 11:17 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Mi querido Peletero: Me alegro muchísimo que te haya gustado.

Sabrás que yo fui la primera sorprendida cuando mi madre me contó que en efecto el día que yo nací todas las personas que mencioné estaban allí presentes? Yo misma no podía creerlo!!! Sí, un racimo de personas, que incluía a una prima mía, con la que luego fuimos excelentes amigas, y que es obvio que estorbaban más que ayudar en esos momentos. Claro, conociendo a mi padre, supongo que no fue exactamente como yo lo relato.

Un detalle curioso de tu comentario. En realidad, la Ceiba era mi madre, pero me gusta que lo hayas interpretado como un icono de la figura de mi padre. Al fin y al cabo, él fue en realidad nuestro árbol, el tronco que unió y sostuvo nuestra familia. Besos.

4 Noviembre 2009 | 06:27 AM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Gracias, mi Mariam linda. Gracias por tus palabras y tu mensaje de felicitación. Vuestros comentarios son como un tónico mágico que me anima a continuar lo que hago. No sé qué disfruto más si escribiendo para vosotros o leyendo vuestras frases de apoyo. Besos.

4 Noviembre 2009 | 06:35 AM

Salmantina

Salmantina dijo

Ole por Doña María, menos mal que tenía claro que la que sufría los dolores del parto era su hija y no el marido ni el médico, hombre.
Qué angustia se pasa al leerlo, casi se quitan las ganas de tener hijos sino fuera por ese tierno final con esa bebita expectante por ser una niña y no un niño, esperando la sonrisa de su mami y su orgulloso abrazo.

Has hecho de un momento tan maravilloso para unos padres que es el nacimiento de su hija, un relato cargado de ternura y salero también..., anda que me partía de risa con las que cayeron como fichas de dominó, jajaja...

Parece que el parto fue breve pero los dolores preliminares merecían este relato que ya sabemos que dio un fruto caleño que sabe sacar mucho jugo a la vida... ;)

Me gustó mucho Made, un besote guapa.

4 Noviembre 2009 | 04:39 PM

nazul

nazul dijo

Bueno, aquí me tienes leyendo el cuento por tercera vez...y te aseguro que volveré. Me emocionó mucho: por la ternura, porque forma parte de ti, por la sencillez y la concisión del relato en sí y por los momentos que estoy viviendo.
La segunda vez lo leí con el papá y, como a mí, le emocionó.
Gracias.
Besos de color azul

4 Noviembre 2009 | 06:08 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Ja, ja, ja, querida Salmantina: Me encanta eso de "fruto caleño que sabe sacarle mucho jugo a la vida". En cuanto al circo que se formó esa madrugada casi puedo asegurar que sucedió tal como lo imaginé y os lo conté, ja, ja. Conociendo a mi familia...
Gracias a ti guapa por el ánimo que me das. Besos.

4 Noviembre 2009 | 07:25 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Linda Nazul: Es un cuento dedicado a ti, que serás madre muy pronto y además por primera vez, y a la esposa de otro coctelero también primeriza que ya es madre. Y claro, la historia tiene un significado especial por lo que me toca y porque traté de reconstruir esos momentos tan especiales para mis padres. Ternura me da a mí que os sintais conmovidos con mi relato. Mil gracias por tus lindas palabras. Besos.

4 Noviembre 2009 | 07:32 PM

padron-duenas

padron-duenas dijo

Madeleine... un relato tan hermoso, lleno de ese calor familiar tan tipica de nosostros los hispanos. El familion, la celebracion, los nervios... la alegria... la bendicion de unos padres expectantes para darnos amor.

Creo que este ha sido el relato mas bonito que he leido...

Gracias por compartirlo.

Un abrazo

6 Noviembre 2009 | 02:10 AM

estrellaval

estrellaval dijo

"¡Y lo he hecho yo solita!". ¡Qué orgullo ser mujer! a pesar del dolor que padecemos en mayor o menor medida por tener "ovarios", a pesar de la pérdida de calcio, de la amenaza de la osteoporosis, a pesar de nuestras PESADAS hormonas que no nos dejan en paz ni un momento, ni cuando empezamos a desarrollarnos, ni cuando nos quedamos embarazadas, ni cuando nos abandonan (después de lo que nos han hecho padecer, VA Y RESULTA QUE NUESTRO CUERPO LAS ECHA DE MENOS), a pesar, en fin , de ser como somos, es un privilegio.
Lo has narrado, como siempre, fenomenal, en estructura y en sentimiento. Gracias por compartir con nosotros el momento en el que llegaste al mundo! Naciste estupendamente ¿eh?. Me dá a mi que lo habitual es que haya alegría y buenas vibraciones a tu alrededor...

Un beso, bebita!

6 Noviembre 2009 | 10:49 AM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Gracias a ti Armando, por tu efusivo y cariñoso comentario y por hacerte parte de unas memorias tan significativas en mi vida.

Me alegro mucho cuando recibo tu visita. Un abrazo estrecho.

7 Noviembre 2009 | 05:29 AM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Qué hermosa eres Estrella, querida amiga. Se me da que las buenas vibras y la alegría me las generas tú con tus cálidas y cariñosas palabras. Un besote y graaaacias.

7 Noviembre 2009 | 05:32 AM

lo-que-hay

lo-que-hay dijo

Hola
La verdad que es un poco raro que todas las persdonas que narras estén allí presentes, pero que celebro que así sea. La experiencia del primer hijo creo que es fascinante y que está llena de detalles, que con el segundo hijo ya no se repiten, pero que se disfruta de igual manera. Muy bueno el relato de tu historia como siempre. Buen taller.

Besos

Juan

13 Noviembre 2009 | 07:01 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Hola querido Juan: Sí, a mí también se me hizo un poco raro, pero parece que así fue. Mi madre me lo contó. Pero si conocieras a mi familia, no te parecería tan extraño. Somos un "circo" donde lo inverosímil es lo corriente. Al final, nuestras "rarezas" me divierten. Un abrazo y gracias, como siempre Juan por comentar y por tu afecto.

15 Noviembre 2009 | 05:22 AM

fenicia

fenicia dijo

No sé como se me pasó esta historia cuando soy tan admitradora tuya,lectora fiel de todo lo que publicas y sale de tu pluma y cabecita,en este caso tambien del corazón con un relato que tiene tanto de ti.
Disculpa mi retraso involuntario.
Maravilloso lo que nos cuentas y si yo te dijera como fué mi primer parto...¡ay que recuerdos!.
kisses guapa de Miami
Feni

18 Noviembre 2009 | 04:49 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Hola Feni, querida: Me gustaría muchísimo que nos contaras cómo fue tu primer parto. Seguro que nos deleitaríamos con el relato.
Este se supone que fue el día en que yo nací. Tuve que pedirle datos a mi madre. Como creo que sabes yo no tuve hijos. Besos y gracias por tus cariñosas palabras.

19 Noviembre 2009 | 02:18 AM

jazmine

jazmine dijo

Mayito que lindo me gusto mucho besitos

22 Noviembre 2009 | 01:18 AM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Me alegro que te haya gustado, Jazmincita. Besos.

23 Noviembre 2009 | 05:59 AM

fenicia

fenicia dijo

Prometido,te lo contaré.
Besos Made.
Feni

23 Noviembre 2009 | 06:59 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

OK, Feni, ojalá sea antes del 7 de Diciembre. En esa fecha me voy a Colombia hasta finales de Enero. Besitos.

24 Noviembre 2009 | 06:08 AM

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Key Biscayne, Florida, Estados Unidos de América
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Soy Madeleine, una abogada, colombiana de origen y de corazón y nacionalizada americana. Estados Unidos, pues, es mi segunda patria. Vivo en Key Biscayne, una islita cerca a Miami en donde trabajo como corredora de bienes raíces y estoy felizmente casada hace ya una pila de años. Aprendí inglés, francés e italiano, porque me gusta la gente y comunicarme con ella. Creo que el Amor y la Fe mueven al mundo. Escribo poesía y cuentos, y trato de hacer de las penas risa y ficción, y escuchar la música y la poesía que tiene la vida, y sobre todo descubrir la que esconden los demás. Son bienvenidos a mi casa todos aquéllos y aquéllas que tengan una tónica similar y sientan que tienen algo positivo que aportar..., ah! y no censuro en lo más mínimo la diferencia de ideas siempre que se expresen con respeto, sin atropellar ni insultar.

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