LA DESPEDIDA

Hola mis queridos amigos (as) Cocteleros:
Como les comenté anteriormente las reuniones de mi grupo literario son mensuales ahora, y el viernes pasado tuvimos la del mes de Febrero. La tarea consistía en escribir un cuento sobre las últimas horas en la tierra de una persona o de un personaje y su encuentro con quien vendría a recibirlo del Más Allá. Mi contertulia y querida amiga mexicana Mariluz Durazo nos trajo el siguiente cuento, que me pareció tan ingenioso que quiero compartirlo con ustedes, y espero les guste y lo disfruten tanto como nosotros lo hicimos.
EL VIEJO
por Mariluz Durazo
Recuerdo el día en que cumplí noventa años, ese día me morí.
Estaba visitando a mis hijos y nietos en Cuernavaca. Me hospedaba en casa de mi hija Magdalena, ella me organizó la fiesta. Vinieron más de cuarenta familiares y amigos a festejarme. Mi hija, como siempre, se lució con la cena y además me hizo la torta de chocolate que tanto me gusta.
Los invitados me cantaron Las Mañanitas, bastante desentonados pero con muchas ganas. Cuando terminaron, soplé las velas con todas mis fuerzas, y dando gracias que sólo fueran dos: una era un nueve y la otra un cero. ¡No podía creer que nueve décadas se hubieran pasado volando! Cuando vine a ver, ya tenía una copa de tequila frente a mí, y mi hijo Francisco llamaba la atención pegando en su vaso con una cuchara, al mismo tiempo que decía:
-Quiero hacer un brindis por el Viejo, no sólo porque siempre ha sido un padre amoroso, sino también porque con su ejemplo me enseñó que "la verdadera grandeza del hombre se mide por sus principios, sus actos, sus frutos y la coherencia entre todos ellos". ¡Salud por el Viejo!
-¡Salud!- Dijeron a coro los invitados, mientras yo me inflaba de orgullo y satisfacción por mi hijo.
Mi hija Magdalena no se quiso quedar atrás, y levantando su copa exclamó:
-Yo también quiero brindar, por el mejor padre que me pudo haber tocado. Gracias por todo Viejo, y ¡que nos cumpla muchos años más! ¡Salud!
-¡Salud!-Brindamos todos con la emoción en la garganta. Acto seguido, alguien le subió el volumen a la música y se armó la fiesta en grande. Yo comí, bebí, e hice todo lo prohibido por el doctor. ¡Hasta bailé reggaetón con mis nietas!
Pasada la media noche, mi festejado cuerpo decidió que no podía más, y me despedí de todos muy cariñosamente. Los viejos nos despedimos con el corazón en la mano, porque sabemos que puede ser la última vez.
Mi hija me acompañó al estudio que me adaptaban como habitación, cuando venía a visitarlos a Cuernavaca. Me quité la ropa, con la lentitud propia de mi edad, la deposité sobre la silla, me puse la pijama y me lavé los dientes. Me metí entre las cobijas de la cama "Murphy" que habían tendido para mí. Para los que no sepan, las camas "Murphy" son las que están empotradas en la pared. Son como un armario, y cuando se abren, un resorte hace que baje la cama. Magdalena pasó a despedirse, y como todas las noches, me trajo mi vaso de agua.
-¿Todo bien Viejo?- Me preguntó en su tono tierno, mientras me ayudaba a taparme con las cobijas.
-Si, gracias-respondí-estoy rendido.
-Te voy a cerrar la puerta-advirtió-, si no, no te vamos a dejar dormir, porque esto va para largo.
-Buenas noches-balbuceé, mientras ella salía.
Transcurrieron aproximadamente dos minutos antes de que estuviera profundamente sumergido en el caldo del sueño. Mientras tanto, la fiesta seguía a todo vapor. Grandes y chicos bailaban y disfrutaban en mi honor.
De repente, entre sueños, me quise cambiar de postura, y parece que acerqué demasiado la cabeza al extremo de la cama donde está el resorte, el caso es que la cama reaccionó y se cerró automáticamente en el closet. Conmigo adentro, obviamente.
Semejante golpazo me sacudió bruscamente de los brazos de Morfeo. Sentí como si me hubieran lanzado con una honda. El pánico se apoderó de mí, e instintivamente comencé a gritar con todas mis fuerzas:
-¡Auxilio! ¡Ayúdenme! ¡Francisco! ¡Magdalena!
Pero mis gritos estaban muy lejos de llegar a oídos de nadie. En cambio, yo podía escuchar como ellos cantaban a todo pulmón:
"Borreguito como tú, como tú, que no sabe ni la U, ni la U..."
Lentamente, el dolor fue sustituyendo al susto. Mi cuerpo estaba prensado con los fierros de la cama. Sabía que mis heridas eran profundas, porque el dolor venía desde muy adentro. También sabía que mi cabeza sangraba, pues tenía una sensación húmeda y caliente en la parte superior del cráneo.
Me puse a rezar un rato, y cuando acumulé nuevas fuerzas, volví a gritar con toda mi alma:
-¡Ayúdenme! ¡Por favor! ¡Socorro!
Cerré mi puño derecho y, con un gran esfuerzo, comencé a dar golpes en la madera del mueble de la cama, pero lo único que logré fue que se fundieran con el ritmo de la música y los taconazos:
"Dale a tu cuerpo alegría Macarena, que tu cuerpo es pa' darle alegría y cosa buena..."
El pánico comenzó a apoderarse poco a poco de mí. Volvía a gritar, volvía a pegar, pero todo era en vano. Cada vez estaba más débil y más desesperado. Hasta que exploté y comencé a desvariar:
-¡Carajo, me lleva la chingada! ¡Como es posible que me vaya a morir así! ¡Esto no es justo! ¡Dios mío, no seas jodido y ayúdame!
Para mi sorpresa, escuché una voz que me contestaba, pero lo raro es que no la escuchaba por los oídos, el sonido entraba directamente a mi cabeza.
-A ver, a ver, a ver, yo generalmente me quedo callado, y dejo que las cosas caigan por su propio peso, pero esto si que es el colmo.
Me cayó como baldazo de agua fría y comencé a temblar, ahora si que la cosa estaba grave.
-¿Diosito?-dije tímidamente -yo sabía que oirías mis plegarias. ¡Ayúdame por favor!
-No, no, no...yo nada más vine a aclarar una cosa, eso de "no seas jodido" no se vale.
-Ay Diosito pero...
-Déjame terminar. Yo sé que a tu edad la memoria es escasa, pero haz un esfuerzo y recuerda: ¿Qué es lo que me has pedido todas las noches por los últimos diez años?
-No sé, muchas cosas -. Estaba tan nervioso que no me podía acordar de nada.
-Yo te voy a decir qué, porque me lo has repetido hasta el cansancio:
Número uno: Bienestar para tu familia, te lo concedí.
Número dos: Salud, te la concedí.
Número tres, y estas son tus palabras textuales: Quiero que la muerte me sorprenda de noche, en la cama, mientras duermo, sin molestar a nadie. ¿O no?
-Bueno si, pero...
-Yo solo quiero aclarar para que no haya malos entendidos, luego por eso mi credibilidad anda por los suelos, y por eso estamos, como estamos...
-Está bien, está bien-dije resignado, para después preguntar - ¿Me voy a ir al infierno?
-No hombre, el infierno no existe, es una de las estrategias de mercadotecnia del Vaticano. No te preocupes. Nos vamos a ver más tarde.
Ahora ya sabía lo que estaba pasando, ¡me iba a morir!
Me fui conformando poco a poco, al fin y al cabo ya había escuchado a Dios. Entonces le di gracias por haberme concedido una vida plena, larga y llena de bendiciones.
Fui perdiendo el conocimiento lentamente, ya no sentía dolor. Mi mente se sumergió en un sueño profundo. Era como si se proyectaran en una película los momentos que más me habían marcado en la vida: Cuando estuve en el ejército en España; cuando tuve que matar a un hombre por la espalda para poder huir del campo de concentración; cuando mi hermana Lourdes se fue de monja para dar gracias de que no me mataron en la guerra; cuando conocí a Pilar y me enamoré de sus ojos en la primera mirada; cuando derramé lágrimas de alegría en el nacimiento de mis dos hijos; cuando Dios se llevó a la Pilarica y yo me perdí en el alcohol tratando de exorcizar la pena. Mientras más escenas pasaban por mi mente, más ligero me sentía. Hasta que comencé a flotar, estaba suspendido en el espacio, avanzaba por un túnel muy largo con una luz que crecía hacia el final, y que me atraía deliciosamente. A lo lejos se escuchaban las voces de mis hijos llamándome, las de los paramédicos desesperados tratando de resucitarme, pero yo sólo quería iluminarme con esa luz. Cuando estuve lo suficientemente cerca, pude ver a mi querida Pilarica del otro lado, esperándome como quien va a recibir un pan después de no comer en días. A partir de aquí todo es amor, felicidad y eternidad.
Reciban el consejo de un viejo que vivió mucho: disfruten la vida y no le teman a la muerte, porque es muy placentero para el que se va; y no te vas a ir si no te toca.
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fenicia dijo
Extraordinario cuento!! felicita a tu compañera,muy sinceramente y en cuanto a ti darte un fuerte abrazo porque es una alegria ver que se encienden las luces de tu casita,que estás.
Feni
2 Marzo 2010 | 10:50 AM