PENSAMIENTOS DESDE EL MÁS ALLÁ

Queridos amigos (as): Por diversas circunstancias, que nada tienen que ver con el aprecio que les profeso, he estado alejada de esta bitácora. Hoy, 23 de Agosto, en el noveno aniversario del fallecimiento de mi padre, he decidido romper mi silencio para compartir con ustedes algunas cosas del alma.
"Los muertos no vuelven, mijita..." solía decirme mi papá para calmar mis inseguridades de niña, cuando a pesar de haber prohibido que me contaran cuentos de aparecidos y espantos, las empleadas domésticas y otras personas mayores me llenaban la imaginación de cucarachas. "Téngale miedo a los vivos, no a los muertos...", me prevenía entonces, sonriendo.
Sin embargo, él, como yo, creía en la inmortalidad del alma. Muchas veces cuando presintió que su paso terrenal se agotaba, también apaciguó mi dolor y mis inseguridades de adulta diciéndome que jamás nos abandonaría. Hasta el momento no ha incumplido su promesa. No ha habido una sola ocasión en que una plegaria mía se haya quedado sin respuesta. De alguna manera, él se las ingenia para que me llegue el mensaje, ya sea en sueños, con un poema, con las palabras de un amigo, en una puesta de sol, un libro, etc.
Esta vez, primero fue con un poema, y luego con un artículo del periódico. El pasado viernes cuando abrí la página favorita del Miami Herald me encontré con una columna que se titulaba: "La muerte es una ilusión". El autor, Ariel Hidalgo, decía que "toda despedida entre seres queridos es triste, pero ninguna es definitiva..., y lo que llamamos muerte no es más que el tránsito a otra etapa de la vida". Quiero creer que es así? No, simplemente sé que es así, aunque algunos de ustedes piensen que soy tonta o muy ilusa.
Agregaba el articulista que alguien le había preguntado por qué si la muerte no existe, los finados no se comunican con nosotros para decírnoslo. Y él contestaba que en realidad sí lo hacen, pero nosotros no escuchamos, sumergidos como estamos en los problemas terrenales, en el pago de la renta o de la hipoteca, en la reducción de nuestros ingresos, en que si nos asaltan o nos estafan o nos demandan, que si fulanita o menganito quieren hacernos un mal, etc. etc, o simplemente cerramos los canales al negar rotundamente que alguien que se fue pueda enviarnos algún mensaje.
Tenía razón mi padre: Los muertos no vuelven, pero el alma de los seres que amamos y que nos aman es por siempre una presencia permanente en nuestras vidas. Tampoco nosotros te olvidaremos, querido padre.
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fenicia dijo
Amiga,no sé si es mi ordenador o es lo que sea,la cuestión es que me es imposible leer,como si un velo hubiera sobre las letras.
Quizás es el fondo que has puesto,no sé.
Revisalo,pleasse,porque estaba deseosa de que publicaras y seguramente muchos amigos.
Besos Madeleine querida
24 Agosto 2010 | 10:45 AM